jueves, 31 de diciembre de 2009

FELICES FIESTAS

Os deseo a todos unas felices fiestas y que el 2010 deje de dar por culo. Y el que no sepa celebrarlas que aprenda de Chaplin, que con dos panecillos se monta un baile de lujo.

ADIÓS A OTRA LIBRERÍA
















Nuestro encuentro con aquella librería fue accidental y se produjo hace cinco años. Acabábamos de empezar en un nuevo trabajo y nuestra oficina estaba al lado de la sede del Instituto Italiano de Cultura, en la calle Mayor de Madrid. Allí había un café, llamado “Caffè letterario”, al que empezamos a ir allí porque se servía un buen capuchino. Lo mejor de aquel sitio era que antes de llegar al café había que atravesar la librería (su nombre era kilate, pero no aparecía por ningún sitio). Luego cambiaron la distribución y la librería pasó a un segundo plano, situándola detrás del café. Aquello fue una premonición de lo que luego pasaría.
Sólo tenían libros sobre Italia y sobre arte y literatura italianos. Gran parte de los libros estaban en ese idioma, pero la selección de traducciones también era notable. Daba gusto pasearse entre las mesas, llenas de libros gustosos.

Elena Martínez era la dueña de la librería, y merece que se la denomine “La Librera”, con mayúsculas, porque pertenece a una casta llamada a la desaparición. Siempre nos asesoraba con interés, pues no podía ocultar la pasión por su oficio y por la literatura, y nos recomendaba libros con acierto, porque lo había leído todo y de todos los italianos conocía. Daba igual que fueran clásicos o modernos, o guías para los viajes que hemos hecho desde que la conocemos a Roma y a Venecia.

Cuando la fuimos conociendo (sobre todo gracias a Abril, porque lo de antipático no me viene porque sí), nos enteramos de que era una de las mejores traductoras al italiano que hay en España, que le gustaba cocinar, que su hija era dibujante e ilustraba libros, que tenía problemas con el Instituto y muchas cosas más. Siempre nos trató con cariño. No puedo enumerar todas las lecturas que nos ha regalado durante estos años (de Carlo Cassola, Luigi Pirandello, Dino Buzzati, Giovanni Verga, Natalia Ginzburg...) aunque me gustaría recordar dos cosas en especial.
La primera, es la recomendación que nos hizo del libro Hace mil años que estoy aquí, de Mariolina Venezia, un libro que había traducido Elena. La primera que lo leyó fue Abril. Tanto le gustó que compró docenas de ejemplares para regalárselos a sus amigos. Yo no había leído aún el libro cuando un día, en que los dolores de la enfermedad de Abril y la desesperación parecían poder hundirla, me dijo:
- ¿Por qué no me lees ese libro?
Me puse a leerlo en voz alta. A medida que leía, los dos nos sumergimos totalmente en la historia de aquella familia italiana, profundamente emocionados, tristes y alegres. Pasamos aquellas horas amargas muy lejos de allí, en la Italia de hace cien años, con aquellos personajes, más vivos para nosotros en ese momento que muchas personas reales. Esos personajes también estaban llenos de privaciones y angustias que nos hicieron olvidar las nuestras y nos trajeron un enorme consuelo. En esto consiste el milagro de la literatura.
Cuando le conté agradecido a Elena lo que había pasado y le pedí que me consiguiera un libro dedicado por la autora, a la que conocía personalmente, sé que se desvivió por conseguirlo. Pero Mariolina Venezia, además de una magnífica escritora también es una persona difícil. No tuvo éxito a pesar de su afán. Yo se lo agradezco igual porque, pensándolo bien, lo mejor es no acordarse mucho de las personas complicadas.
El segundo recuerdo que conservaré es otra recomendación suya: El librero de Selinunte de Roberto Vecchioni, escritor, cantautor y profesor italiano que nació en el 43. El libro cuenta la historia de un extraño librero, solitario, sabio y sublime, que llega a la preciosa ciudad siciliana y abre allí una librería. Nadie compra sus libros pero él se dedica a leerlos en voz alta sin nadie que le escuche, salvo un niño de 13 años, que es el fascinado narrador de la historia. El librero es ignorado y vilipendiado en la localidad, y finalmente la librería es devorada por un incendio en el que misteriosamente desaparece el librero.
Hablando sobre el libro, Elena me regaló un disco del autor. Conservo ambas cosas con cariño.
La librería de Elena ha liquidado en los últimos meses del 2009, vendiendo sus existencias a precios de saldo. En este caso no ha sido un incendio ni la ignorancia de sus vecinos la que ha hecho desaparecer otra librería en Madrid, una más... Lo más grave es que ha sido una institución “cultural” la que ha decidido cerrarla, sin ninguna explicación, para lo cual no ha tenido empacho en presionar a la más débil.
Se ha creado otro agujero más en esta ciudad y esta vez no es por culpa de las obras del alcalde. Lo peor de todo es que vamos a echar de menos a Elena. Ella no sabe qué hará a partir de ahora, pero yo espero que no desaparezca misteriosamente como el librero de Selinunte.

martes, 29 de diciembre de 2009

ACOSTADOS


Probablemente fue Chicho Sánchez Ferlosio, con su canción "Hoy no me levanto yo", el origen de mi deseo de escribir sobre los acostados. Para mí fue un aunténtico himno a la rebeldía y a las ganas de darse de baja, que a muchos nos acomete periódicamente. He aquí el video.




Acostarse es una actividad cotidiana, que la mayoría de los mortales hace de manera rutinaria, una vez acabado el día. Así, pasan durmiendo o descansando un tercio de su existencia, aunque sin disfrutar plenamente de la experiencia. A ese tiempo hay que añadir bastantes más horas, entre las que podemos contar las de los primeros años de la existencia, cuando los humanos no saben andar y necesitan más horas de sueño; también hay que sumar los períodos de enfermedad y convalecencia; y los momentos añadidos de descanso, holganza y vagancia, que a todos nos asaltan tarde o temprano.
Pero se trata aquí precisamente de la tentación de vivir acostado y despierto, que asalta a determinadas personas. Desde que su padre pasaba "recostado" la mayor parte de su tiempo de ocio que pasaba en casa, cuando sus hijos eran pequeños, antipático ha estado coleccionando casos, reales e imaginarios, de personas que deciden vivir acostadas. Mostrar esta colección de acostados será el objeto de su próximo cuaderno.
Son muchos los motivos que han llevado a la gente a acostarse, a tomar esa determinación repentina que les aparta del mundanal ruido y les mete en la cama: la enfermedad, el cansancio, la vejez, los accidentes, la jubilación, la depresión, la acidia, la rebeldía, el vicio, el frío, el convencimiento de la inutilidad de los afanes diarios, la locura o el desengaño. Todos ellos han encontrado en la cama un nuevo mundo en el que vivir. Allí pueden nacer, amar, soñar, dormir, imaginar, escuchar, recibir visitas, hablar, comer, beber, trabajar, pintar, viajar, ver películas, leer, escribir, incluso dormir.
Liberados de las tareas habituales, los acostados tienen tiempo para todo. Su condición se convierte en un estado de ánimo y su vida tiene un atractivo indudable, incluso cuando han adquirido esa condición por necesidad. Aunque esto de no poder levantarse ha de tener menos aliciente, pues entonces la vida de los levantados adquiere el atractivo de lo prohibido. La vida del acostado puede verse como una especie de privilegio de afortunados si tienen quien les cuide y les sirva, pues de lo que se trata es de acostarse cuando los demás están activos. Todos los que sienten esa atracción por la cama quieren solventar los problemas que proceden de su propio cuerpo, del mundo exterior y de las relaciones con los demás que, como dijo Freud, son las tres causas de nuestro malestar.
Se acusa a los acostados de estar deprimidos, o de ser vagos o degenerados. Se suele pensar de ellos que no tienen el valor de enfrentarse con la realidad y con su vida. El antipático quiere aquí reivindicar la condición noble de los acostados, esos seres incomprendidos, entre los que ha habido seres perezosos o enfermos, es verdad, pero también trabajadores infatigables, hombres de mérito, inconformistas, rebeldes, seres imaginativos y notables artistas. También los artistas han creado arte con los acostados e inventado maravillosos personajes y figuras.
Groucho Marx, en su libro Camas afirmaba, como hombre que había pasado los dieciséis años más felices de su vida en la cama, que debajo de la cama todos somos iguales, que no vale la pena hacer nada que no puedas hacer en la cama y que las personas se muestran más propicias a atender a razones cuando están en la cama. De las camas no le interesaba su propiedad de aliviar el dolor, sino las horas felices que uno puede vivir en ellas.

ESTRATEGIA DEL ACORDEÓN

El acordeón es un instrumento plebeyo, propio de payasos, de músicos callejeros o de bandas de pueblo, de esas que van de feria en feria. Nunca perteneció a una orquesta sinfónica,y ningún compositor conocido compuso obras famosas para él. No fue admitido en sala alguna de conciertos. Con él se tocan melodías populares, facilitas, campechanas.

A pesar de ello ha conseguido desarrollar su propia estrategia para sobrevivir. Cuando le dan espacio toma aire, se expande y, al tiempo que hincha sus pulmones, canta. Si es presionado no se resiste, se pliega blandamente, suelta el aire, pero sigue cantando. Cuando el agobio se alivia, vuelve a tomar aire, incansable, incesante, y nos regala su música otra vez. Y cuando lo cierran, calla hasta que unas manos amigas le reclaman de nuevo.

Este blog también es algo plebeyo. No quiere contener pensamientos serios, ni gran literatura, ni obras de arte, no. Sólo pretende ser una especie de álbum de recortes, donde el antipático pegará lo que vaya encontrando en sus paseos, cualquier cosa siempre que le produzca alguna sensación de placer, diversión o interés.