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viernes, 7 de enero de 2011

BIBLIOPATÍAS

Breve diccionario en el que se incluyen algunas de las numerosas enfermedades que contraen los humanos al estar en contacto más o menos continuado con los libros. Casi todas son contagiosas. Padecer cualquiera de ellas no supone, per se, entrar en el selecto club de los cultos o intelectuales. No busquen contrastar las definiciones en el DRAE, pues la mayoría se han obtenido de libros técnicos y especializados, como Enfermos del libro de Miguel Albero,  La Pasión por los libros, de Francisco Mendoza, Historia universal de la destrucción de libros de Fernando Báez, o Biblioclasmo de Fernando R. de la Flor.

BIBLIOCLEPTOMANÍA: inclinación a hurtar libros, procedente de una anomalía psíquica. Dentro de esta patología podemos encontrar multitud de modalidades: ladrón ocasional, ladrón ilustrado, ladrón por encargo, bibliopirata... La lista de ladrones de libros famosos es tan extensa que daría para un tratado..., y no quiero señalar a nadie.

BIBLIOCLASTIA: también denominada bibliolitia. Dícese de la dolencia que padecen las personas que tienen afán por destruir los libros y lo llevan a cabo. Utilizan diversos métodos, siendo el más utilizado el fuego. Han sido muchos los cultivadores, siendo de los más ilustres, el emperador chino Shuan Ti, la Inquisición o Hitler.

Hoy en día no es una actividad bien vista si se realiza por razones ideológicas, políticas, bélicas o religiosas. La extensión del mal de la bibliocomptentio (vid) ha hecho innecesaria la biblioclastia por esas razones. De todos modos los servicios de los biblioclastas resultan más necesarios que nunca debido a la profusión de libros sin calidad y sin interés que se editan, que no se venden y que merecen la hoguera. Los editores, que no pueden afrontar los costes de su almacenamiento, son los modernos biblioclastas, mientras millones de seres humanos no tienen dónde aprender a leer.

BIBLIOCOMPTENTIO: indiferencia y desinterés hacia los libros. Está tan extendida que puede considerarse el estado natural del hombre posmoderno, por lo que en realidad, la verdadera anomalía sería la contraria: el mostrar amor o interés por los libros.

BIBLIOFAGIA: Comer libros. Aunque no es muy habitual, hay quien devora físicamente los libros, voluntariamente o a la fuerza, como algunos escritores que fueron obligados a “comerse sus propias palabras”, o a perecer en el hoguera. Tiene señeros antecedentes desde la Biblia (Libro de Ezequiel, Apocalipsis de San Juan) hasta El nombre de la rosa de U. Eco (donde el padre bibliotecario, Jorge de Burgos, se come el libro envenado).

BIBLIOFILIA: Afición a adquirir y coleccionar los libros por cualquiera de sus méritos de contenido o de forma, o por su rareza. Esta enfermedad, muy extendida, tiene su raiz en el coleccionismo y es un auténtico cáncer de los que leen libros. Tiene inumerables modalidades: objetoadictos, fetichistas, bulímicos y compulsivos, exhibicionistas, solitarios e inseguros, sedentarios, sensibles, perfeccionistas, completistas..., y devotos de su Alteza (la edición princeps).

BIBLIOFOBIA: odio a los libros. Antiguamente estaba más extendida. Incluye la aversión a los libros como objetos y también a la lectura en sí, por considerarla peligrosa. Es requisito necesario para caer en la biblioclastia.

BIBLIOFUGIA: paulatina desaparición de libros de una biblioteca, bien sea por robo, pérdida, usurpación, préstamo impruedente, accidente u otras causas.

BIBLIOMANÍA: pasión exagerada por los libros, no justificada por interés erudito, literario o científico, sino más bien rayano en la locura.

BIBLIOLATRÍA: Se dice de la veneración exagerada y ciega a un libro, bien sea por su procedencia, autor, antigüedad o contenido.

Llega a su máxima expresión con los fieles o creyentes de las llamadas "religiones del Libro" (judíos, musulmanes y cristianos), que defienden que en sus libros sagrados se encuentra nada menos que la verdad revelada por el mismo Dios, aunque no haya constancia fehaciente ni prueba alguna de que así sea . Esta dolencia les hace felices y la llaman Fe. En determinadas épocas de la Historia, han llegado a quemar en numerosas ocasiones, por sacrílegos, los libros que contradicen o ponen en duda las sagradas escrituras..., y a sus autores (véase biblioclastia).

BIBLIOLITIA: véase biblioclastia.

BIBLIOPEPSIA: propensión a la lectura apresurada, fragmentada y sin aprovechamiento.

BIBLIORREA: padecida por insignes maestros de la talla de Balzac, Baroja y Dickens, consiste en producir páginas sin descanso, con las mismas incomodidades del vómito y la colitis.

BIBLIOTAFIA: dícese del mal que padecen los que acumulan libros para enterrarlos, como hacían los egipcios con sus objetos valiosos que los enterraban enlas tumbas de los notables. En sentido figurado, se aplica al que acumula libros desmesuradamente sin enseñarlos a los demás y sin leerlos.

BIBLIOTROPISMO: Dícese de la inclinación natural, en aquellos que la padecen, a acercarse a los libros, sitos en cualquier estante o librero, aún cayendo en la desatención de su hablante y en las airadas miradas de los dueños de casa. Este mal se manifiesta también en la parálisis súbita frente a cualquier escaparate que los exhiba y aún más, en la mirada impúdica dirigida a la carátula del libro que lee nuestro vecino de mesa en el café o de asiento en el metro.

Hanse visto casos graves en viajes largos en avión, en que no pocas veces un pasajero es asaltado con violencia o le es arrebatado su libro, con nocturnidad, mientras echa una pestañada.

LIPARQUIBIO: (sustantivo, del griego leipo=dejar, arché=inicio, principio; y biblion=libro). Acción y efecto de abandonar un libro en las primeras páginas. También sufren este mal los que padecen bibliopepsia (vid).

LECTOBLOGMANÍA: neologismo que define el mal que padecen, con la consiguiente pérdida de tiempo, los que han dejado de leer libros y leen blogs como este. 

domingo, 5 de diciembre de 2010

EL CUADERNO DE LOS PLACERES


Dicen los sabios que el ser humano tiene inscrito en su interior, en su alma, un ansia permanente y absoluta de felicidad, o sea, de placer. Y esa necesidad tiene dos caras o aspectos. Uno negativo, evitar el dolor, y otro positivo, experimentar intensas sensaciones placenteras.

Siendo rigurosos, llamamos felicidad sólo a este último aspecto. El problema es que es muy limitada nuestra capacidad para proporcionarnos placer, mientras que nuestros deseos y nuestra tendencia al placer no tienen límites. En primer lugar, porque la sensación de felicidad se produce cuando satisfacemos las necesidades, pero esa sensación es muy pasajera, pues si persistimos en lo mismo, la sensación va haciéndose tibia, aburrida y desaparece con el tiempo. En segundo lugar, porque el sufrimiento nos amenaza en la vida por tres lados: desde el propio cuerpo, desde el mundo exterior y de las relaciones con otros seres humanos.

No nos extrañe, pues, que bajo la presión de tales posibilidades de sufrimiento, el hombre suela rebajar sus pretensiones de felicidad, y se sienta feliz por el mero hecho de haberse librado de la desgracia, por haber sobrevivido al sufrimiento. Cambian así el sentido del placer, por el sentido de la realidad. Por eso más temprano que tarde solemos llegar a la sensación de la nulidad de todas las cosas y la insuficiencia de todos los placeres para colmarnos el alma.

Así muchas han sido las escuelas de la sabiduría humana que nos han mostrado diferentes vías: la satisfacción ilimitada de todas nuestras necesidades (que prefiere el placer a la prudencia, y al poco se sienten las consecuencias); el aislamiento voluntario de los demás (que sólo nos previene del dolor que procede de los demás); los avances de la ciencia y de la técnica para lograr el bienestar de todos; las drogas; moderar la vida instintiva, los deseos y sublimar los instintos; amar y ser amado; esperar la felicidad en una vida futura al lado de Dios. Epicúreos, estoicos, orientales, religiosos, científicos, ascetas, chamanes..., nadie tiene la receta universal. Unos, más activos, hacen hincapié en trabajar en el mundo exterior para alcanzar lo que quieren; otros, más pasivos, buscan reducir sus anhelos para querer sólo lo que pueden alcanzar.

El designio de ser felices que nos impone el principio del placer es irrealizable, pero siento que no podemos ni debemos abandonar los esfuerzos por acercarnos a su realización. Hay muchos caminos, ya lo hemos visto, y cada uno busca por sí mismo la manera en que puede ser feliz, de acuerdo con su temperamento, con lo que pueda esperar del mundo exterior y con la fuerza que cree que tiene para modificarlo según sus deseos.

Yo por mi parte, ser propenso a las listas, he empezado a recopilar en un cuaderno de placeres, las cosas, las relaciones, las actividades y las ideas que me causan placer. La finalidad de ese cuaderno, es observar, recordar, hacer únicos y cuidar las fuentes de mi placer, para que no se sequen, y descubrir nuevos manantiales para mi sed. Cuanto más lo trabajo me voy encontrando que para mí resultan placenteras infinidad de cosas:

- Satisfacer las necesidades del cuerpo, y aquí incluyo mis cinco sentidos.
- Lo pequeño cotidiano, pero también lo grandioso.
- La sorpresa y la variedad, pues de mucho repetir lo placentero desaparece.
- La ilusión y la imaginación, que engrandece lo que está por venir, nos alegra al ver cómo lo vamos consiguiendo, y nos ayuda a soportar la carencia de lo que deseamos.
- La belleza, lo maravilloso y lo extraordinario, y aquí están todas las artes.
- Las costumbres y rutinas agradables.
- Jugar y hacer deporte.
- Estar activo, aunque sea en conseguir los pequeños objetivos del día cuya realización nos satisface, pues esa actividad nos distrae de otros deseos no satisfechos. Por eso es tan importante elegir bien a qué se dedica uno y poner en ello los cinco sentidos. Aquí identifico lo que me gusta hacer.
- Tener un entorno agradable con los demás: amor, amistad y buena vecindad.
- No compararse con el prójimo y poder confiar en él.
- La memoria, que nos permite el recuerdo de los momentos felices y nos hace olvidar, tramposamente, las desdichas.
- La libertad y el poder de tomar decisiones propias sobre lo que nos afecta.
- Escribir el cuaderno de los placeres.

En cada uno de estos apartados, la lista de placeres es interminable, pues de todo puede emanar placer. Y las tres fuentes del sufrimiento que eran el cuerpo, el mundo exterior y las relaciones con los demás, lo son también de placer y de felicidad. Pues las carencias, los dolores y los males, son propios de la inestable frontera de la vida, pero esa naturaleza escasa es la que nos hace más dinámicos y creativos, la que dio origen a la sociedad, que nos ayuda a adaptarnos.

Incluso me es agradable la imagen del dolor y de las cosas terribles, sea en la realidad o en la ficción, con tal de que no me hagan temer por mí mismo, porque he empezado a sospechar, con mi cuaderno de placeres, que todos ellos me ayudan a ahuyentar el miedo a esos males y dolores que amenazan nuestra existencia. Quizá la felicidad, como decía Eduardo Punset hace poco, sea ausencia de miedo.

domingo, 3 de octubre de 2010

ACRÓSTICO AFORÍSTICO


Aún dentro del salón de baile hay quien prefiere no bailar.

No hagas nunca la guerra de tricheras sentimentales.

Tan inteligente era que no servía para nada.

Incesticida: deben comprarlo algunos niños desemparados.

Para salir de dudas hay que entrar definitivamente en el infierno.

Aunque no vayas a ninguna parte no te quedes en el camino.

Tan poco les dijo que tampoco le entendieron.

Inteligencia: proyección de luz sobre realidades invisibles.

Cuando canta el gallo se van los fantasmas.

Ostra: produce perlas cuando se aburre.


José Bergamin et alt.

sábado, 10 de julio de 2010

DICCIONARIO BLOGGER


Cuando uno pretende hacer un comentario a alguna entrada en un blog de Google, la herramienta que se utiliza llamada Blogger abre una ventana y pide que copies una extraña palabra, especie de contraseña que permite publicar el comentario escrito. Barrunto que un ordenador genera esas palabras aleatoriamente, o quizá con algún código. Pero cada vez me asombro más del magín de la tecnología que genera esos extraños palabros, en un idioma desconocido, con una sonoridad rara, pero repleta de sugerencias.

El otro día una amiga me sugirió la idea de hacer un vocabulario, inventando definiciones estupefactas para tan extraños vocablos. Pensé que podía ser divertido. He aquí algunos ejemplos:

INGSHOU: masaje en el runcio que se da con huesos de zarigüeña.

ENTSMO: abreviatura de eminentísimo.

SIMPLED: sencillod.

BRAFOOD: alimento para valientes.

SHALLY: dícese del orgasmo femenino cuando sobreviene en público y repentinamente, al tomar algún alimento exquisito en un restaurante.

UNKINQ: maldición que se profiere al quedarse sin tinta mientras se escribe con pluma.

FORPHI: dificultosa manera en la que las niñas cursis y con brackets piden algo por favor. Después dan las jhrazias.

MARUPU: crujir que hacen las faltas de las mujeres desnudas al andar.

La lista es virtualmente interminable. Si mis desocupados lectores quieren participar conmigo en este nuevo pasatiempo, pueden empezar a publicar sus definiciones. ¡Hagan juego!

viernes, 16 de abril de 2010

LISTA DE LISTAS

Hace unas semanas, los curiosos de este blog habrán visto que leía un libro llamado “El vértigo de las listas”. Se trata de un ensayo de Umberto Eco en el que reflexiona sobre el hecho de que, a lo largo de toda la cultura universal, los artistas y escritores han realizado infinidad de listas, intentando describir o representar las más variadas cosas, muchas de ellas inabarcables. El libro, profusamente ilustrado, incluye listas de todo tipo, listas de lo indecible o incontable, listas de objetos, listas visuales, listas de lugares, de maravillas, de colecciones y tesoros, de propiedades, caóticas, cerradas, abiertas y de mil vértigos más (por cierto, en el cuadro de la portada una de las mujeres es una conocida nuestra, Jane Burden).

A mí la lectura de ese libro me divirtió mucho, la verdad. La razón de ello es que yo también tengo gran costumbre de hacer listas, de todo tipo de cosas, probablemente llevado de un cierto espíritu burgués y diletante que cree poder controlar, apuntándolo, todo aquello que le rodea y que no entiende o desconoce. Obviamente, el que mucho abarca, poco aprieta, y hacer la lista de los emperadores del Japón, de los caballeros de la mesa redonda y de cosas así que son las que me gustan, no muestra más que una cierta incapacidad de profundizar en el tema.

El hecho es que llevo años haciendo listas diferentes sobre las cosas más peregrinas. Unas son simples recordatorios o proyectos de uso personal; otras muestran un cierto afán de abarcar una realidad que se me escapa; también las hay de curiosidades y, sobre todo, abundan las relacionadas con los libros, pues al fin y al cabo soy eso que los pedantes llaman un “letraherido”.

Repasándolas me he sorprendido de la enorme cantidad de tiempo que he (¿mal?)gastado a lo largo de todos estos años haciéndolas. El hecho es que me he divertido mucho con ellas. He olvidado de dónde he sacado la mayoría de los datos, casi todas son muy incompletas o fragmentarias, entre otras cosas, porque ya su enunciado anuncia lo infinito.

Propongo un juego para poder completarlas de alguna manera, y por eso hago aquí una relación de todas ellas. Mis lectores, probablemente estupefactos y espero que divertidos también con mi locura, quizá quieran hacer sobre ellas alguna consulta o tengan curiosidad por saber qué he anotado en ellas. Para ello sólo tendrán que elegir la que les provoque ese deseo y proponer en su comentario algún elemento que yo no tenga incluido en ella. Lograr este objetivo es cosa bastante fácil, la verdad, porque ninguna está ni medianamente completa. Si se consigue el premio consistirá en contestar a la pregunta o publicar entera la lista en cuestión. He de advertir que algunas no son lo que parecen, y que otras, por ser personalísimas (*), no se prestan a ese juego.

Ahí van todas las que tengo apuntadas en mis últimos cuadernos.

Lecturas recomendadas por Oscar Wilde

Lista de cosas que quiero comprar (*)

Libros de aventuras y sobre el mar

Libros leídos (*)

Listas de regalos recibidos o hechos (*)

Parafilias y perversiones

Lugares donde se venden mapas

Cosas para hacer en casa (*)

Libros de historia

Tiendas curiosas de Lisboa

Paseantes ilustres

Palíndromos

Exposiciones visitadas (*)

Novelas policíacas

Diccionario de vientos

Libros de viajes

Frases coleccionadas (*)

Micronaciones

Suicidados ilustres

Lecturas pendientes (*)

Artistas que vivieron en Tánger

Libros sobre la Rusia de los zares

Palabras que no sé lo que significan

Deseos antiguos (*)

Ciudades y mundos submarinos

Personajes monstruosos pero reales

Lugares a donde quiero viajar (*)

Personajes venecianos

Cosas que se pueden hacer para decrecer

Instrucciones para amar a L.(*)

Webs sobre libros y literatura

Las librerías más bonitas del mundo

Elementos y partes de un hórreo

Señales gráficas utilizadas por los ladrones

Tumbas y cementerios ilustres

Casas de escritores

Componentes de grupos artísticos

Placeres

Hablas de los animales

Bibliotecas imaginarias

Cuentos y cuentistas

Lugares que me gustan de Madrid (*)

Libros eróticos

Clásicos

Tipos de bibliofilias

Artistas muertos en accidentes de coche

Artes adivinatorias

Escritores malditos

Personajes acostados

domingo, 17 de enero de 2010

DICCIONARIO EPISTOLAR (y 5)

FILOSÓFICA.- Carta más bien aburrida, con la que algunos pedantes dan el tostón a quienes escriben, contándoles sus ideas y concepción del mundo. Son famosas las "Cartas filosóficas" de Voltaire.
HANFF, HELENE.- Escritora norteamericana (1918-1997), autora de la maravillosa novela epistolar “84 Charing Cross Road”. Un día de octubre de 1949, una joven escritora desconocida envía una carta desde Nueva York a “Marks & Co”, la librería situada en el número 84 de Charing Cross Road en Londres. Apasionada, maniática, extravagante y pobre, la escritora reclama al librero por carta volúmenes rarísimos durante más de veinte años. Este le contesta, casi siempre eficaz, de modo exquisitamente cortés. Pero poco a poco, la correspondencia va adquiriendo una familiaridad que se convierte en una intimidad casi amorosa. Esta correspondencia excéntrica y llena de encanto evoca, delicadamente, la importancia que ocupan en nuestra vida los libros..., y las librerías.
Anthony Hopkins y Anne Brancroft protagonizaron la película de los años ochenta basada en esta novela.

INSULTO.- Contenido propio de las cartas anónimas. Precisamente así, “Cartas anónimas”, se llama este microcuento:

La empresa se negó a subirle el suelo. Descargó su rabia y furor escribiendo una carta anónima al director, llena de amenazas, palabras soeces e insultos groseros que se extendían a todos los miembros de la familia, salpicando a la tercera generación. Al cabo de unos días, el director, con rostro grave, acompañado por un señor que tenía el aspecto de ser inspector de policía, les reunió a todos y solicitó escribieran al dictado una carta de su puño y letra, debidamente firmada, por supuesto. Respiró tranquilo porque su carta la había escrito a máquina. Al día siguiente diez compañeros fueron despedidos de la empresa y denunciados en el juzgado por “insultos y ofensas” en la persona del director. Otras ciento veinticinco cartas, escritas a máquina, quedaron sin poder aclararse su procedencia y autores de las mismas” (“Florecillas para ciudadanos respetuosos con la Ley”; Alonso Ibarrola).

NÁUFRAGO.- Individuo que escribe cartas muy particulares. Suelen ser mensajes de contenido desesperado, pidiendo socorro y rescate, de redacción breve, sin destinatario específico y que se envían arrojándolas al mar dentro de una botella..

PLUMA.- Para muchos autores es la mejor herramienta para redactar una carta. Toma su nombre de que, en su origen, se fabricaban con las plumas de las aves, cuyo cañón, cortado de manera especial, se mojaba en el tintero. Fueron evolucionando hasta las plumas estilográficas, auténticos instrumentos de placer.

"Hay la pluma que produce erratas quizá por propia comodidad. Hay la que tiene buena letra, la que quiere a toda costa hacer letra redondilla, con los ojos de las oes muy cerrados. Hay la que tiene una letra cercenada, más sincera que las demás y con la que el pensamiento disfruta rematando ideas...". (Ramón Gomez de la Serna: “Automoribundia”).

QUEIRÓS, EÇA DE.- Escritor portugués de éxito en el siglo XIX (1845-1900). Autor de la novela, “La correspondencia de Fadrique Mendes”, personaje singular, autor de cartas escritas desde París, que el autor da a conocer. Fadrique en sus cartas proclama la vuelta a lo genuino, denosta el liberalismo y la democratización de la vida pública y la igualdad de comportamientos e indumentarias, que le parecen insoportables. Tampoco es un romántico, sino propenso al culto de la forma y de la estética como estado superior de un arte idealizado. En realidad Fadrique fue un heterónimo del propio autor, a lo que tan amigo sería, ya en el siglo XX, otro compatriota suyo, Fernando Pessoa.
La novela es agradable y un ejemplo más de la literatura epistolar, hoy bastante olvidada.

REMITE.- Nota que se pone en las cartas para identificar a la persona que la envía. Su ausencia es presagio de sorpresa, secreto... (Ver voz “desconocida”). “No había más que aquellas hojas; ni la dirección del remitente, ni tan siquiera una firma” Stephan Zweig, "Carta de una desconocida".

TINTA.- El color de la tinta utilizada en las cartas es un importante elemento a tener en cuenta. No debe descuidarse su significado. Como todo el mundo sabe, cada color representa algo distinto: el rojo simboliza la pasión, el azul la confianza, el verde la esperanza, el amarillo el placer, el rosa la ingenuidad, el negro la seriedad y la triteza, el gris el aburrimiento, etc.... El escritor de cartas debe tener en cuenta también el color del papel y que su combinación con la tinta sea armoniosa, y sobre todo legible.

Los eruditos chinos, en su estudio, conservaban piezas de tinta china de diferentes colores. Una vez molida y confeccionada la tinta, escribían sus cartas, distintas para cada ocasión.

ULISES.- Personaje mitológico, cuyas desventuras nos cuenta Homero en la “Ilíada” y la “Odisea”. Estuvo diez años en la guerra de Troya y otros tantos perdido por los mares, y fue incapaz de escribir una sola carta a su mujer, Penélope, que a pesar de ello, rechazó a sus pretendientes y le guardó fidelidad haciendo calceta.
URGENTE.- Carta que se expide y cursa con especial rapidez..
WUNSCHZETTEL.- Los alemanes, que son muy suyos, llaman así a la carta a los Reyes Magos. Los cuerpos de estos monarcas de reinos de ubicación incierta, tanto geográfica como temporalmente, fueron enterrados en la catedral alemana de Colonia durante la Edad Media. Contestan a las cartas que les escriben enviando regalos, aunque no siempre los que les piden.

XIN-TAK-SIS.- Vocablo chino que designa la manera de enlazarse y ordenarse las palabras en las oraciones dentro de la carta. En esto de las cartas conviene cuidar la letra, la sintaxis y la ortografía.

YO.- Es el tema favorito del que tratan casi todas las cartas personales. Quien las escribe suele suponer que es tema de interés para el destinatario. Esas cartas se han convertido, con el paso de los siglos, en el mejor ejemplo de “literatura del yo”, que Tomasso Marinetti denostara, como género anticuado, en su Manifiesto del Futurismo, pero que sigue practicándose con profusión hoy en día.

ZOZOBRA.- Estado de ánimo del que teme que no le llegue una carta que tanto espera y que necesita recibir imperiosamente (véase la voz “anhelo”). Quienes mejor conocen esa situación son los náufragos (véase la voz “náufrago”), que la han experimentado físicamente, a bordo del barco que se hundió, y anímicamente, esperando que alguien lea su mensaje en la botella.
FINAL.- Víctor Hugo, que fue poeta, novelista y autor dramáico, que encima intervino en política y que sólo vivió ochenta y tres años, tuvo tiempo de escribir más de diecisiete mil cartas, todas ellas estupendas. A pesar de la agitación de nuestra época, es interesante escribir, al menos, una buena carta todos los meses. Se ha de empezar por tener a quien escribirlas, y si no se tiene se ha de buscar. Es lo que hace Antipático, y todas las veces que parece haber encontrado a alguien escribe, con el fin de añadir ese agrado feliz a su vida. Si no contestan no es culpa suya. Todo este esforzado diccionario no deja de ser una especie reclamo.
Las cartas no tienen por qué ser largas. Oscar Wilde, brillante escritor de numerosas cartas, escribió una de las mejores y más cortas que se han escrito nunca. En una ocasión recibió en una carta invitándole a una velada, que decía lo siguiente:

Lady X, estará el jueves día 25, en su mansión,
a partir de las 5 de la tarde
A lo que el escritor contestó:

Oscar Wilde, no.

sábado, 16 de enero de 2010

DICCIONARIO EPISTOLAR (4)

BERTA.- Nombre de la protagonista de la película de 1965, de Basilio Martín Patino, “Nueve cartas a Berta”, que se encuadra en lo que se denominó nuevo cine español, movimiento renovador que al final no tuvo la continuidad merecida. El filme se abre con una cita que toma el director de los versos del poeta Antonio Machado: “Esta es la historia de un español que quiere vivir, y a vivir empieza”. La película obtuvo la Concha de Plata en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Su argumento es el siguiente: Lorenzo acaba de regresar de Inglaterra, donde se ha enamorado de Berta, una chica hija de padres exiliados que nunca ha visto España. Lorenzo intenta a través de unas hermosas cartas que ella entienda cómo es el mundo en el que un día vivieron sus padres.

CALIGRAFÍA.- Se podría escribir un tratado sobre el tema. De hecho se han publicado innumerables libros y tratados sobre el arte de la caligrafía. Se puede escribir con letra de molde o en tintas de colores o poner dibujos al texto, se puede escribir en columnas como los chinos, o en espejo, como Leonardo da Vinci, pero ¡por Dios!, ante todo que sea la letra clara y se pueda leer, sin que haga falta ser maestro calígrafo. Nuestro olvidado Antonio de Guevara (ver la voz “contestar”), ironizando con la letra de uno de sus corresponsales, le escribe lo siguiente:

Las letras de vuestra mano escritas no sé para qué se cierran, y menos para qué se sellan, porque, hablando la verdad, por más segura tengo ya a vuestra carta abierta, que no a vuestra plata cerrada, pues a lo uno no le bastan candados, y a lo otro le sobran los sellos. Yo di a leer vuestra carta a Pedro Coronel para ver si venía en hebraico; dila al maestro Prejamo para que me dijese si estaba en caldeo; mostréla a Hameth Abducarin para ver si venía en arábigo; díla también al Sículo para que viese aquel estilo si era griego; enviésela al maestro Ayala para saber si era cosa de astrología; finalmente, la mostré a los alemanes, flamencos, italianos, ingleses, escocianos y franceses, los cuales todos me dicen que o es carta de burla, o escritura encantada. Como me dijeron muchos que no era posible sino que era carta encantada o endemoniada, determíneme de enviarla al gran nigromántico Joanes de Barbota, rogándole mucho que la leyese o conjurase, el cual me tornó a reescrbiir y avisar que él había la carta conjurado y aun metídola en cerco, y lo que alcazaba en este asunto era que la carta sin duda no tenía espíritus, más que me avisaba que el que la escribió debía estar espiritado. Por lo que os quiero y por lo que os debo, os aviso y ruego, señor, que de aquí adelante tomés estilo de mejorar la letra, si no, podéis encomendaros a Joanes de Barbota. Tan virgen escapara de mis manos la carta, como escapó la mujer de Putifar de manos de José” (Epístolas familiares).


EPISTOLARIOS.- Llámanse así a las colecciones de cartas privadas de una persona, que se agrupan por determinado periodo de tiempo o corresponsal, para su publicación, aunque fueron cartas personales no destinadas a que fueran divulgadas. Por eso se suelen publicar tras la muerte de los autores, que no hubieran tolerado tal intromisión en su intimidad. Se conocen innumerables epistolarios de personajes famosos, que nos permiten mirar a través de una mirilla, su vida privada, sus sentimientos y las contradicciones pavorosas entre su vida pública y la privada. Existe un blog especializado en cartas famosas.

ESCRIBIDOR DE CARTAS.- Persona que sabía leer y escribir, y que hacía de su oficio el escribir para otras personas analfabetas todo tipo cartas, entre ellas, las cartas de amor. Figura magnífica que permaneció hasta hace poco en algunas de nuestras plazas mayores de ciudades de provincias. Hoy esa función la suple Internet, la actual plaza o feria, donde todo se puede encontrar, en el que existen numerosos sitios que se ofrecen a escribir cartas, de amor o de otro tipo.


GIBRAN, KHALIL.- Poeta, pintor, novelista y ensayista libanés.Su obra cumbre , "El Profeta" se publicó con imagenes de su propia autoría.Mantuvo con la famosa escritora árabe Mary Zidayeh una correspondencia que duró 20 años y concluyó con la muerte de Gibran.
"Querida May:
Dices que soy un artista y un poeta.No soy artista, May, ni poeta.He pasado mis dias escribiendo y pintando, pero no estoy de acuerdo con mis dias y mis noches.Soy una nube, May, una nube que se mezcla con los objetos pero que nunca se une a ellos.Soy una nube , y en la nube está mi soledad, mi hambre y mi sed.pero mi desventura es que la nube anhela que le digan :No estás solo en este mundo , sino que somos dos , y sé quien eres."
Autorretrato (1960).


MENSAJERO.- Es la persona a quien se encomienda llevar las cartas cuya entrega no se quiere dejar al cuidado de los carteros. Son esenciales en las relaciones amorosas que se quieren mantener ocultas, y que se alimentan de las cartas de los amantes, donde conciertan sus citas y proclaman sus amores y deseos. Dado lo delicado de su misión, debe tener disposición, ingenio, inteligencia y discreción. Se ha utilizado mucho a las mujeres en la entrega de las cartas amorosas, para no levantar sospechas, sobre todo viejas como la Celestina o Trotaconventos. El descuido en la elección del mensajero, pueden llevar a la catástrofe a los amantes, como aquella historia en el que la negligencia en la entrega de una carta, dio con la muerte de dos famosos amantes, llamados Romeo y Julieta, según una historia que imaginó el insigne William Shakespeare.

LETAL.- Hay cartas que matan, como algunos amores.

Eran entonces las tres de la tarde, y nuestra amiga estuvo bastante tranquila hasta las cinco, de suerte que todos volvimos a tener algunas esperanzas. Por desgracia trajeron entonces una carta. Cuando quisieron entregársela, dijo desde luego que no quería recibir ninguna, y nadie insistió; pero desde aquel momento pareció más agitada. Poco después pregunto: ¿De dónde venía? No tenía marca. ¿Quién la había traído? No se sabia. ¿De parte de quien? No lo habían dicho a la tornera. Calló por algún tiempo; luego volvió a hablar, pero por sus frases interrumpidas y sin conexión, comprendimos que le entraba nuevamente el delirio.
Sin embargo, tuvo todavía un momento de serenidad, hasta que al fin pidió que le diesen la carta. Apenas fijó los ojos en ella, exclamó «¡De él! ¡Dios mío!». Y luego con voz fuerte, pero sofocada: «Tomadla, tomadla». Al instante hizo echar las cortinas de su cama y prohibió que nadie se llegase a ella; más casi al mismo tiempo tuvimos que hacerlo, porque el ataque había empezado de nuevo, con más violencia que nunca, agregándose unas convulsiones verdaderamente espantosas. Estos accidentes no han cesado en toda la noche, ... y no disimulo a vmd. que me queda poquísima esperanza.
Supongo que esta fatal carta será de Valmont...
"(Pierre Choderlos de Laclos: Las amistades peligrosas).

OLOR.- Sobre el olor o el perfume de las cartas mucho se podría decir. Desde un pasado milenario y en el lejano Oriente (ver la voz del Japón) en que ya se perfumaban las cartas, la humanidad no ha dejado de perfumar sus epístolas, sobre todo las de amor, con alguna fragancia o introduciendo pétalos de flor u hojas de plantas aromáticas. El olor en una carta, de flores o de algún perfume, dice mucho de quien la escribe y sugiere no poco a su destinatario. Hoy en día impregnar de olor nuestras cartas no es necesario, pues constituye una sorpresa que hay que añadir al hecho en sí de recibirla. En ningún caso conveniente que nuestras cartas huelan mal. No es práctica recomendable, escribirlas en la cocina, en un taller con humo, o en algún otro lugar que desprenda olores fuertes o desagradables; en esos lugares, por otra parte, se podrían manchar la carta, defecto en el que tampoco se debe incurrir. Los olores de la carta deben ser agradables y perfectamente reconocibles. Viene aquí a cuento dar noticia de que en 1685, Loreno Magalotti (1637-1712) escribió unas “Cartas sobre los olores” (Lettere sugli odori), que fueron publicadas en Florencia en 1721, en las que, en un tono de placentera y refinada conversación, diserta sobre la facilidad del olfato de inducirnos a error, por ser órgano imperfecto, y ensalza la experiencia olfativa, comentando, de paso, el estado de la civilización de los diversos países, con respecto a los olores. Cuidado, pues, al o “adornar” con olores las cartas.

PAPEL.- Tan importante es en las cartas su contenido, como el color, gramaje y textura del papel con que se escriben, si está o no timbrado o adornado con alguna filigrana, dibujo, marca o emblema personal de quien la escribe, si es antiguo o nuevo, si es siempre igual o distinto para cada tipo de misiva. Denotan el cuidado y mimo con que se escriben, y la atención y el amor a quien se envían.

ROBO.- No sólo abrir y leer las cartas ha sido frecuente lamentablemente (ver la voz "secreto"), sino también su robo. Edgar Allan Poe, escritor estadounidese (1809-1849 ), escribió el famoso cuento La carta robada. En él nos cuenta la historia de una importantísima carta que ha sido robada y escondida por el ladrón en su casa. El ladrón era un ministro que chantajeaba, con su comprometedor contenido, a una persona eminente de la casa real. A pesar de los esfuerzos de la policía durante meses, que ha realizado minuciosos e interminables registros, no es posible encontrarla. El Inspector de la policía le cuenta el caso a unos amigos en el club, que le iluminan en una sorprendente solución.

SECRETO.- El secreto de la correspondencia es un derecho inherente a la intimidad de las personas. Es muy frecuente que no se respete, sobre todo en el ámbito familiar y doméstico, por lo que han de guardarse muy bien las cartas que uno recibe si no quiere que sean leídas por los demás, o incluso deben destruirse si su contenido es comprometedor para los corresponsales. Es un derecho comúnmente vulnerado, a pesar de que todo el mundo sabe que violarlo es un delito. Nuestro código penal lo dice bien clarito: “El que, para descubrir los secretos o vulnerar la intimidad de otro, sin su consentimiento, se apodere de sus papeles, cartas, mensajes de correo electrónico o cualesquiera otros documentos o efectos personales o intercepte sus telecomunicaciones o utilice artificios técnicos de escucha, transmisión, grabación o reproducción del sonido o de la imagen, o de cualquier otra señal de comunicación, será castigado con las penas de prisión de uno a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses” (artículo 197). Así que, ya saben ustedes, ¡mucho cuidado con las cartas¡

SELLO.- Admite, en este diccionario, varias acepciones. 1. Arte gráfico que acompaña a una carta, su precio nos permite enviarla a mayor o menor distancia. 2. Juego simple de niños y no tan niños. Las fases del juego son las siguiente: despegarlo de las cartas, sumergiéndolos bajo agua durante unos minutos, es placer sencillo; colocarlo encima de una toalla y observar su curvatura; prensarlo entre las hojas de un libro. Cuando se adopta la forma de coleccionismo es llamado filatelia. 3. Hermano del papel, en su uso y en su descanso después de viajar con él. 4.Tesoro de la infancia.

WEST, NATHANAEL.- Escritor norteamericano (1903-1940), autor de la novela “Miss Lonelyhearts” (señorita Corazones solitarios), en la que cuenta la historia de un oscuro periodista que utiliza ese pseudónimo para firmar el consultorio sentimental de un diario de Nueva York, al que escriben cartas los lectores, sobre todo lectoras, buscando las tres C (consuelo, consejo y comprensión), o huyendo de su desgracia y soledad. A lo largo de la novela, el dolor ajeno acaba interfiriendo en su propia vida, hasta que ambos planos se confunden. Novela triste y melancólica en verdad, donde se ve que las nobles intenciones son inútiles instrumentos para modificar la sombría realidad. No apta para seres deprimidos o depresivos. Por eso no se aconseja escribir cartas a los consultorios sentimentales.

jueves, 14 de enero de 2010

DICCIONARIO EPISTOLAR (3)

ABIERTAS.- Son aquellas cartas que, aún dirigidas a una determinada persona, se destinan a su publicación, bien en algún medio de comunicación, bien en formato de libro. Muchas de ellas no han resistido el paso del tiempo, pues su interés radicaba en las circunstancias del tiempo y lugar en que fueron escritas. No suelen tener carácter personal, por lo que no interesan al propósito de este diccionario.

Pese a ello diremos que han sido muchos los libros que se han escrito recopilando cartas, reales o simuladas, para tratar de los más diversos temas, crónicas de viajes, cuestiones filosóficas, poéticas, políticas, religiosas, amorosas... He aquí algunos ejemplos: Cartas a un joven poeta (R.M. Rilke), Carta al Padre (J. Kafka), Cartas de la montaña (J.J. Rousseau), Cartas eruditas y Curiosas (Benito Jerónimo Feijoo), Epístolas familiares (F. Antonio de Guevara), Epístolas (S. Pablo), Epístola moral a Fabio, en forma de poema (B.L. de Argensola), Epístolas (Epicuro), Epístola sobre la tolerancia (J. Locke), o Cartas de España (J.Mª Blanco White).

AMOR.- Las cartas de amor son tan antiguas como el arte de amar. Normalmente durante cientos de años la comunicación y el tanteo entre los amantes fue escrito a través de cartas, largas o cortas, de billetes, mensajes, intercambios, etc. Para eso se necesitaba un cierto alfabetismo. Por esto, durante un largo periodo de tiempo ha sido habitual en la historia humana, al menos en la que conocemos. Veamos dos ejemplos.

Si los amantes siguen en relaciones, tras lo dicho viene la correspondencia por medio de cartas, y en esto de las cartas hay maravillas.
“Yo he visto enamorados que se dan prisa en romper a pedazos las cartas, una vez leídas, o en desleir la tinta con agua, o en borrar su escritura, por ¡cuántas mancillas no han tenido principio en una carta!... Conviene que la forma de estas cartas sea la más graciosa de todas, y su disposición la más placiente.
“Por la vida mía, la carta, en ciertos lances, sirve de lengua al amante, cuando éste se encuentra impedido para hablar o sufre sonrojo o timidez. Tan es así, que cuando el amante sabe que la carta ha llegado al amado y que éste la ha tenido en sus manos y la ha visto, siente un arrobo maravilloso que vale por una entrevista. En recibir la respuesta y en contemplarla hay asimismo una alegría que suple al encuentro. Por eso verás que el enamorado se pone la carta sobre los ojos o sobre el corazón y la estrecha. Yo me acuerdo haber conocido algunos enamorados que hablaban con desembarazo, describían con soltura, sabían decir sus sentires de manera acabada y tenían perspicacia y sutileza para apreciar la realidad, y, con todo, no renunciaban a la correspondencia, aún siéndoles hacedero unirse con el amado, por vivir cerca y serles posible la visita. Y es que se cuenta que en la correspondencia hay muchas suertes de placer. Hasta me han dicho de un hombre depravado y de bajos instintos que ponía la carta de su amada sobre su miembro; pero esto es un género de fea rijosidad y un ejemplo de excesiva incontinencia.
“Respecto al hecho de mezclar la tinta con lágrimas, yo conozco a uno que lo hacía, y a quien su amada correspondía mezclando la tinta con saliva.... Yo he visto una carta de un amante a su amado: aquél se había hecho una herida en la mano con un cuchillo, había dejado correr la sangre y, mojando en ella, había escrito la carta. Cuando yo la vi después de seca, me pareció que estaba escrita con lacre.”
Ibn Hazm de Córdoba: “El collar de la paloma”.

“Aprende las buenas letras, es mi consejo, juventud romana, no sólo para que protejas al reo tembloroso. Tan como el pueblo y el juez circunspecto y el senado escogido, así también la joven se entregará rendida a tu elocuencia. Pero que tus recursos queden ocultos, no seas elocuente con descaro; tus expresiones eviten palabras cargantes ¿Quién si no un mentecato le echa discursos a la tierna amada? Muchas veces un exceso de cultura fue motivo de desdenes, sea tu estilo natural y tus palabras sencillas aunque lisonjeras, de modo que parezca que hablas tú en persona”. Ovidio: “Arte de Amar”.

Rafael Argullol, en su blog, comenta que, de manera violenta la aparición del teléfono rompió esto, y nos sumió en una atmósfera de cine negro. En realidad, el cine negro de los cuarentas o cincuentas es la exaltación del teléfono. En las películas la gente no se enviaba cartas, sino que se telefoneaba, y de ahí la crudeza, la violencia y la brutalidad de las relaciones, y la intensidad pasional de las relaciones, porque muchas veces no había siquiera el tanteo previo. Nuestra época, curiosamente, le ha dado la vuelta a todo eso. La comunicación amorosa directa por teléfono ha disminuido muchísimo respecto a lo que era durante el siglo pasado, y hemos vuelto de nuevo a una forma de tanteo escrito, sea a través del email, o del sms, que no deja de recordar aquellos billetes y aquellos tickets que se enviaban los aspirantes a amantes o los amantes en épocas previas a la comunicación verbal. Te doy la razón, pero ha habido un paréntesis en la historia humana moderna y marcado precisamente por el cine en el que la comunicación era directamente telefónica. En el cine clásico predomina la comunicación telefónica, apenas se mandan cartas. Hacen estas llamadas que te introducen a toda la incertidumbre e inquietud que tiene el teléfono: ¿cómo me contestará?, ¿qué tono utilizará?, ¿me contestará? Además, el teléfono exigía que tú mismo fueras en tiempo real variando tu propia táctica en función de las respuestas que ibas recibiendo. Casi no podías pensar. En cambio con el sms, aunque aparenta un tiempo real, tienes unos segundos, minutos u horas para pensar e introducir un elemento que en cierto modo recuerda al antiguo mensaje y a la antigua carta.

Pero la carta de amor quizá ya graznó su canto de cisne sin que lo supiéramos ¿fue su epitafio la angustiada frase de Kafka ("los fantasmas se beben nuestros besos por el camino"), la melancólica chabacanería de Joyce, las ternezas de Kurt Tucholsky o alguno de los tangos que se placen en contrastar lozanías de pasión con reumatismos de la desilusión?
En este género literario siempre sorprendemos a nuestros admirados bajo otra luz: Oscar Wilde en sus solicitadas a los diarios es altivo y brillante pero en sus cartas privadas un mendigo sensiblero; Perón carece de ambición política y es entrañablemente cariñoso en sus mensajes a Evita, Henry Miller es menos erotómano y violento, Picasso inventa un "te amo en todos los colores", Heidegger relativiza el concepto desoculto de verdad para excusar ante su esposa Elfride una de sus tantísimas infidelidades, Napoleón, asquerosamente depravado, ordena a Josefina: "Llego en dos semanas: no te bañes". O las enigmáticas cartas de amor de “Seda”, de Alessandro Baricco.
Hay tantas clases de cartas de amor, como amores hay en este mundo. Pero aquel que vive su amor por correspondencia, no puede dejar de sentir, la ansiedad de recibir otra carta, lo que la golondrina llama “anhelo”, pues así debió sentirlo.

ANHELO.- Deseo vehemente de encontrar esa carta en el buzón-bandeja de entrada. Dependiendo del remitente, puede ir acompañado de ilusión, añoranza, desasosiego, avidez y a veces incluso obsesión, desembocando en una maravillosa sensación placentera una vez leídas y releídas esas líneas, objeto de deseo.

ANTIGUA.- La carta personal más antigua que se conoce fue escrita por un soldado egipcio alrededor del año 2400 a. de C. En ella, además de otras consideraciones de índole personal, se queja de la mala calidad de los uniformes.

DICCIONARIO EPISTOLAR (2)

BUZÓN.- Depósito donde se meten las cartas para que lleguen a sus destinatarios. Existen varios tipos. Unos están instalados en la vía pública. Allí los escritores de cartas las introducen para que los carteros las recojan a determinadas horas del día y procedan, después de su clasificación, a su reparto. Otros están en la entrada de las casas particulares, para que allí las depositen los carteros, y sean recogidas por su destinatario en su domicilio. Hay otros tipos de buzones, como los de sugerencias o quejas, o los que, en Venecia, se utilizaban para hacer denuncias anónimas. Eran buzones siniestros, envidiosos, donde los ciudadanos cainitas y cobardes acusaban a otros de traición, como la famosa “bocca di leone”, que todavía puede verse en el Palacio Ducal.

La mejor definición de buzón, sin embargo, es esta: “Objeto absolutamente cotidiano que en determinados momentos puede llegar a encerrar todo tipo de papel, tinta, lágrimas, sueños, deseos, anhelos...”. Nos la ha prestado la eminente profesora, pedagoga, micóloga, lectora empedernida y directora de la mejor escuela del Valle del Tiétar, que se hace llamar Regenta, que nos recuerda que Mario Benedetti, escribió este poema, llamado “Buzón de tiempo”:

En el buzón de tiempo se deslizan
la pasión desolada / el goce trémulo
y allí queda esperando su destino
la paz involuntaria de la infancia /
hay un enigma en el buzón de tiempo
un llamador de dudas y candores
un legajo de angustia / una libranza
con todos los valores declarados.
En el buzón de tiempo hay alegrías
Que nadie va a exigir / que nadie nunca
Reclamará / y acabarán marchitas
Añorando el sabor de la intemperie
Y sin embargo / del buzón de tiempo
Saldrán de pronto cartas volanderas
Dispuestas a fincarse en algún sueño
Donde aguarden los sustos del azar

ESCRITOR DE CARTAS.- Desde hace años se le consideró un ser extraño. Hoy es una especie amenazada de extinción. “...no, no había un solo tipo sociable. Todos éramos por naturaleza escritores de cartas” (J.D. Salinger: Nueve Cuentos).
CONTESTAR.- Cosa que se debe hacer con todas las cartas que se reciben, y que con frecuencia, por pereza u otras razones, no se hace o se hace con mucho retraso. Es causa muy frecuente de la interrupción de la correspondencia entre dos personas. Hay que citar aquí, a nuestro olvidado Fray Antonio de Guevara, que una vez dijo, ante la tardanza en recibir una carta, lo siguiente: "Vuestras cartas, señor, son tan cuerdas y tan bien preveídas, que antes que salgan de su tierra dejan ya hecho el agosto y vendimia. Si como era carta fuera cecina, ella hubiera tenido tiempo para venir bien sazonada, porque ya hubiera tomado la sal y aun descolgádose del humo. Las cartas que habéis, señor, de enviar, y las hijas que habéis de casar, no curéis de dejarlas mucho añejar, porque en mi tierra no dejan añejar otra cosa sino los tocinos que han de comer y las cubas que han de beber”. Nos cuenta el fraile también que los emperadores romanos no quería leer y menos proveer, las cartas con una antigüedad mayor de veinte días.

Por eso contestar las cartas recibidas, sobre todo si son personales, es cosa que debe hacerse sin excusa ni retraso.

DESCONOCIDA.- "Cuando por la mañana temprano el famoso novelista R. Regresó a Viena después de una refrescante salida de tres días a la montaña, decidió comprar el periódico. Al pasarla vista por encima de la fecha, recordó que era su cumpleaños. Cuarenta y uno, se dijo, pero esta constatación no le agradable ni le desagradaba. Echó un vistazo a las crujientes páginas del periódico y se fue a su casa en un coche de alquiler. El mayordomo le informó de dos visitas y de algunas llamadas recibidas durante su ausencia, y le entregó el correo acumulado en una bandeja. Él lo examinó con indolencia y abrió un par de sobres cuyos remitentes le interesaron; vio una carta con caligrafía desconocida apariencia demasiado voluminosa que, en un principio, dejó de lado. Entretanto le sirvieron el té. Se reclinó cómodamente en la butaca, hojeó el periódico y algunos folletos. Después encendió un cigarro y cogió la carta a la que no había prestado atención. "Era un pliego de unos veinticinco folios escritos precipitadamente con letra femenina, desconocida y nerviosa; más que una carta parecía un manuscrito. Palpó de nuevo el sobre, instintivamente, por si encontraba alguna nota aclaratoria. Estaba vacío. En él no había más que aquellas hojas; ni la dirección del remitente ni tan siquiera una firma. Qué extraño, pensó, y cogió nuevamente la carta. «A ti, que nunca me has conocido», ponía como encabezamiento, como si fuera un título. Perplejo, se planteó: ¿Iba esto dirigido a él o a una persona imaginaria? De pronto se despertó su curiosidad, y empezó a leer." (Stephan Zweig: Carta de una desconocida).

JAPÓN.- En el Japón de la era Heian (siglo X), descrito magistralmente en la novela "Historia de Genji", la comunicación epistolar, reservada a los estamentos altos de la sociedad, se realizaba con una primorosa caligrafía, realizada con pincel y tinta china, sobre papeles de diferentes texturas, colores y perfumes, a las que se acompañaba algún objeto, como un abanico, una rama o una flor, y que se enviaban a través de un mensajero. Todos esos signos externos estaban dotados de significados, que se correspondían con el mensaje, el destinatario, el autor y la situación concreta en la que eran escritas esas maravillosas cartas. Destaca por su interés la “carta de la mañana siguiente”, que dirigía el amante a su amada, una vez abandonado el lecho, a la mañana siguiente del encuentro amoroso, para manifestar su felicidad y gratitud por la generosidad de la mujer, lamentar la obligada separación y hacer votos por un próximo encuentro.

KLEE, PAUL.- Pintor suizo (1879-1940), que supo, en su obra Espíritu de una carta reflejar la complejidad de sentimientos que puede contener una carta, su tristeza y también su desamparo antes de que llegue a su destino y sea leída por su destinatario.

En su vida dejó escritas numerosas cartas a través de las cuales podemos comprender mejor su obra y su pensamiento.

miércoles, 13 de enero de 2010

DICCIONARIO EPISTOLAR (1)

INTRODUCCIÓN
Hablo de las epístolas, esos escritos de carácter privado dirigidos por una persona a otra, con el ánimo de entablar una comunicación personal, dándose noticia mutua de los acontecimientos de su existencia, o de sus sentimientos e ideas. No me refiero al vastísimo campo, para mí inabarcable, que queda fuera de esta definición: los naipes y juegos de cartas, los documentos, las cartas náuticas o de marear, las cartas de pago, las cartas credenciales, las de recomendación, la carta de hidalguía, de vecindad, etc, etc...

Durante el siglo pasado, sobre todo después de la guerra, la progresiva extensión del uso del teléfono redujo el hábito de escribir cartas personales. Tan sólo se entablaban relaciones epistolares cuando la distancia impedía, o hacía muy caro, el uso del teléfono para tales fines. La aparición de Internet y del correo electrónico, desde hace quince años, ha resucitado el hábito de escribir para comunicarnos personalmente. Pero, ¿estamos realmente ante el mismo medio de comunicación?

Yo pienso que no, pues se ha perdido aquel ritual de escribir las cartas a mano sobre un buen papel, meterlas en un sobre con la dirección del destinatario, pegar el sello, echarlas al correo y esperar la respuesta. Y no estoy hablando sólo del aspecto material, físico, de la correspondencia de antaño. La inmediatez del envío y de la recepción, tanto del correo electrónico, como de blogs, foros, chats, comunidades virtuales de usuarios y demás arsenal de medios que nos brinda Internet, ha hecho desaparecer una específica manera de contar las cosas, porque ya no escribimos las mismas cosas que entonces, ese lenguaje está definitivamente perdido, pues, como preveía Macluhan, "el medio es el mensaje".

Las relaciones epistolares han sido machacadas por las conversaciones telefónicas, que cuando son breves no sirven para expresarnos, y cuando no lo son, nos torturan las orejas; y después sepultadas por las “nótulas electrónicas”, en los que una declaración de amor es un sms de este tenor: “tqm”.

Dentro de poco, cuando desaparezca nuestra generación, ya nadie conservará esos preciosos documentos en los que se resumía una mili, una estancia en el extranjero, un noviazgo, unas vacaciones o una amistad. Esas cartas antes se guardaban en cajas o atadas con cintas y han permitido conocer y comprender las cuitas de no pocos artistas, políticos, literatos, seres notables que han brillado en la tierra, o simplemente de nuestros familiares. Ahora mismo, toda esa información, que se sigue generando en medios electrónicos y telemáticos, ¿en qué baúl o buhardilla están almacenados? Ahora ya nadie disfruta del placer de recibir una carta de un amigo o de un amor, simplemente, porque no reciben ninguna. ¿Quién de nosotros que un día disfrutó de ese placer aspira hoy a mantenerlo? Se nos está olvidando. Y eso, por no hablar de todo un género literario, el epistolar, llamado a desaparecer. Habrá que decir: “Adiós a todo eso”, como hizo Robert Graves cuando decidió abandonar su antigua vida

La única fuente de esperanza es saber que recibir una carta en el buzón de casa sigue teniendo un enorme atractivo, pues ¿a quién no le gusta, al abrir el buzón, encontrar algo que no sea correo bancario o publicidad?

Por eso, declaro mi espíritu de resistencia frente a este estado de las cosas, aunque soy consciente de la inutilidad del gesto. Ahora, antes de que nos olvidemos de que no hace mucho tiempo la gente escribía por carta sus amores, sus perdones y resentimientos, sus viajes y avatares, sus ideas y lecturas, su pensamiento y sus sentimientos, quiero rendir un pequeño homenaje a ese mundo de las epístolas, pavorosamente perdido, iniciando una DICCIONARIO EPISTOLAR. El proyecto es muy superior a mis fuerzas, por lo que sólo pretendo incluir unas primeras voces, necesariamente provisionales. Lo demás lo confío a la colaboración de mis escasos lectores, para que con sus comentarios aporten algo a mi pequeño diccionario. Se irá añadiendo todo lo que me queráis sugerir, siempre que tenga sentido. No os dejéis engañar por el tono serio que a veces adopta este blog, pues se pueden comentar chistes, sucesos reales, citas de literatos o artistas, noticias de todo tipo, etc... También se pueden comentar las voces ya publicadas, proponiendo correcciones, añadidos, o cualquier otra observación a lo ya dicho.

¡COLABORA YA, HAY PREMIO! Si el proyecto progresa adecuadamente, editaré otro cuaderno del antipático, una copia del cual haré llegar a todos los participantes.

Empezaremos, pues, poniendo las tres primeras voces al diccionario.

ARTE POSTAL.- Es un circuito o tendencia alternativa de Arte que consiste básicamente en la realización de obras, en técnica libre, sobre soportes que "acepten" ser enviados por correo, y esto depende mucho de las normas que tengan las administraciones postales de cada país. Las obras adquieren los más variados formatos (dibujo/pintura/fotografía/digital/collage...), o se incorporan al papel timbrado; pueden ser enviadas como una postal (sin sobre) o convertir el sobre también en "obra creativa"; por supuesto los sellos, matasellos etc., acaban formando parte de la obra, de su historia, de su "viaje", etc. A veces son, en fin, poemas visuales que conjugan texto e imagen o... lo que cada artista desea enviar. Existen tantas posibilidades y variaciones, cuantos artistas...y carteros existen. El problema, si lo hay, lo tendrá "Mr. Postman", pero su misión es... que el correo llegue a su destinatario y si no... devolverlo al remitente.

Para el artista postal, el arte es, sobretodo, un producto de comunicación y no una mercancía que deba venderse en galerías y en los circuitos tradicionales del arte. Como resultado, crea su propio lenguaje, anteponiéndose a los medios de comunicación de masa. Se caracteriza por ser una manera rápida y amplia de difusión artística. La facilidad de su producción, almacenamiento y consumo, hacen del arte postal una manifestación artística donde su modo de hacer es cotidiano y está al alcance de cualquiera.

Breve historia del arte postal: Sus antecedentes históricos se pueden encontrar en las experiencias de los futuristas, dadaístas, surrealistas, artistas pop, neodadaístas, neorrealistas y conceptualistas están. Francis Picabia y Marcel Duchamp enviaban, como divertimento, pequeñas postales metálicas a sus colegas. Kurt Schwitters elabora sus Merz con materiales recopilados de la basura, más adelante se interesa por las interferencias en los servicios postales y crea su propio sello de caucho.

Pero la creación del arte postal como tal se suele situar a raíz del grupo Fluxus. El año 1962 es considerado el momento formal de su surgimiento, cuando el artista neodadaísta americano Ray Johnson (1927-1995) crea su "New York Correspondance School of Art". Este artista llevaba desde 1955 realizando envíos "Moticos", que eran collages de trozos de papel que enviaba a una lista de destinatarios, con la consigna “altéralos y pásalos”. En 1965 Dich Higgins publicó el libro “The paper snake” con los moticos que había ido recibiendo de Jonson.

Hoy, el arte postal cuenta no sólo con artistas plásticos, sino también con poetas, músicos, arquitectos, fotógrafos -conocidos o no-, que encontraron en ese medio una manera particular y especial de expresión. Desde entonces las experiencias de arte postal y las exposiciones sobre este fenómeno no han hecho sino extenderse en todos los países.

¿Y tú, por qué no te animas? ¿Quien sabe si puedes ser autor o receptor? Al placer de escribir y recibir cartas, le puedes añadir el encuentro de una "pequeña obra de arte" en tu buzón, que un nuevo amigo te envía...

CARTERO.- Funcionario de correos encargado de repartir las cartas en los domicilios de sus destinatarios. Antaño iban con su uniforme y su bolsón de cuero al hombro y hacían cuanto era posible para realizar la entrega. Siempre llamaban dos veces. Hoy van mal vestidos y con un carrito de la compra amarillo, realizan su trabajo a cambio de un contrato laboral precario y un sueldo miserable. ¿Alguien recuerda hoy la ilusión, la impaciencia y los nervios que se sentían esperando al cartero para que nos trajera aquella carta? Para quien lo haya olvidado se recomienda escuchar la versión original de la canción, "Please, mr. postman", que tantas veces han interpretado otros muchos.



VERMEER DE DELFT, JAN.- Pintor holandés (1632-1675). Fue el autor que, probablemente, mejor reflejó la emoción de escribir y recibir cartas. Sus maravillosos cuadros ambientados en el ámbito doméstico de la Holanda del siglo XVII, normalmente cerca de ventanas.
En algunos cuadros representa a mujeres escribiendo cartas: en uno, una mujer lujosamente vestida, parece sorprendida escribiendo una carta, mientras mira hacia un lado. Va vestida lujosamente, con perlas, de amarillo, que según Andrea Alciati, en sus Emblemas, era color "amantibus et scortis aptus". En otro cuadro, una mujer escribe una carta a la luz de un ventana de vidrios emplomados y una cortina blanca, sobre una mesa cubierta con un tapiz rojo. Escribe en presencia de su criada, que será, sin duda, la confidente que sirva de mensajero. El cuadro del fondo, representa a Moisés rescatado de las aguas, que simbolizaba entonces el espinoso asunto de los niños no deseados.
En otros cuadros se representaban a mujeres, leyendo alguna carta: una mujer embarazada, probablemente la carta sea de su marido, que se encuentra de viaje en algún lejano lugar, o al menos eso sugiere el mapa del mundo que se divisa colgado en la pared; otra lee lo que sin duda parece, por su expresión de emoción contenida, una carta de amor..., en la reserva de su dormitorio, al lado de su cama. Las manzanas que hay encima de la cama representan el fruto prohibido.