Después de seis meses, esta es la primera semana sin entrada en el blog.Encontré la salida.
En mis inquietudes adolescentes, cuando perseguía el conocimiento a través de la cultura, me compré un librito sobre el surrealismo. Ilustraba su portada el cuadro de Magritte: Reproducción prohibida (retrato de Mr. Edward Jones), en la que se ve a un hombre de espaldas frente a un espejo en el que también se refleja la imagen imposible de su espalda. Sobre la chimenea, el libro de Edgar Allan Poe La aventura de Arthur Gordon Pym.
Yo entonces apenas sabía quién era el pintor belga René Magritte (1898-1967) y había leído muy poco de Poe. Aquel feliz encuentro con esos dos genios, que se produjo cuando todavía tenía edad para descubrir mediterráneos, aún me sigue aportando alegrías hoy.
E.A. Poe en su relato Un hombre de la multitud, nos cuenta que un hombre observa a la multitud que pasea por la calle, y va clasificando los diferentes tipos que contempla. En su relato, el protagonista presta atención al modo de caminar y de moverse de cada uno, a su atuendo. Ahí creó tipo de oficinista (fellow-clerck), precursor del ciudadano burgués de los siglo XIX y XX: empleados de las firmas sólidas, viejos tranquilos. “Se los reconocía por sus chaquetas y pantalones negros o castaños, cortados con vistas a la comodidad; las corbatas y chalecos, blancos, los zapatos, anchos y sólidos, y las polainas o los calcetines, espesos y abrigados.” En un momento del relato, el protagonista se fija en un personaje al que decide seguir, sin verle más que la espalda, durante una inacabable persecución que dura todo el día y toda la noche.
Uno de los misterios de las pinturas de Magritte, tal y como haría Poe en su narración, son las reiteradas imágenes de hombres de espaldas o con el rostro oculto. Siempre han causado en mí una profunda impresión. El pintor contempla a su víctima desde atrás, mientras esta camina hacia un destino misterioso, si es que lo tiene.
El mundo de Magritte, a lo largo de toda su obra contiene siempre al misterioso hombre invisible con bombín y abrigo negro, paseando o en interiores, solo o en grupos, donde una multitud de ellos desciende sobre la ciudad. ¿Quiénes son esos personajes que aparecen en sus pinturas? Anónimos, con traje negro, con sombrero hongo, de espaldas. Ahí están sus enigmáticas pinturas La tarjeta postal, El maestro de escuela, Ensoñaciones de un paseante solitario, La canción de la violeta, Golconda y tantas otras. ¿Por qué no podemos verles el rostro a la mayoría de sus figuras?

Este hombre solitario, misterioso y ensoñador, que aparece una y otra vez en su obra, puede ser trasunto del propio pintor. ¿Acaso representa la necesidad de la razón en un mundo extraño y cada vez más inexplicable y complejo? Verle de espaldas siempre suscitó en mí una sensación incómoda, de identificación con la soledad. También me imaginaba entonces que esas figuras eran representantes de la uniformidad de los burócratas y la mediocridad, infelices y con un alma oprimida: la tribu de los Clerks; a la que yo no quería pertenecer de ninguna manera. 
Las visiones de sus figuras anónimas unas veces me hacen imaginar que fueran a darse la vuelta y descubrir nuestro propio rostro en ellas; otras, que no tuvieran rostro y fuéramos a descubrir en su interior nuestro vacío, o la verdadera materia de la que estamos hechos nosotros o nuestros sueños.
El punto álgido del cuento de E.A. Poe, se produce cuando finalmente se puede contemplar el rostro del extraño personaje objeto de la persecución. No se lo pierdan. De nada.
Antonio Stradivari nació en 1641 en la ciudad de Cremona, Italia. Cuando se inició en el arte de fabricar violines, los lutieres formaban parte de una tradición cuyos modelos para el tallado de la tabla, la tabla armónica y el clavijero de los instrumentos de cuerda eran los que había establecido Andrea Amati un siglo antes. Sus discípulos se mantenían fieles a estos maestros de Cremona. Probablemente Stradivari fue desde 1667 uno de los aprendices de esa casa, regentada entonces por Niccolò Amati. Aunque existían libros sobre el tallado de estos instrumentos, el aprendizaje y la formación técnica implicaban el contacto directo con los instrumentos y la explicación oral transmitida de generación en generación. 

Otra teoría dice que el punto clave fue el tiempo que tomó secar las maderas de arce y abeto con que están construidos; esto también fue desmentido estudiando la fibra de la madera. Las líneas fueron comparadas con modelos de árboles que vivieron en esa época y se pudo determinar el tiempo de secado simplemente tomando la diferencia entre la fecha de construcción (que era dejada por Stradivari en una etiqueta en el interior del instrumento) y el cálculo de cuándo había sido cortado el árbol. Esto reveló que la madera se había secado durante no más de 20 años, y no 60 ó 70, como se creía.
Llevaba trabajando durante años para conseguir mi ansiado ascenso en la empresa. Los afanes y desvelos en el trabajo, las humillaciones a que me había sometido mi infame jefe, las veces que me había arrastrado como un gusano, tuvieron su inevitable recompensa: fui pisoteado. Permítanme un consejo, no se arrastren por el suelo, es peligroso. El puesto que anhelaba se lo dieron a Marta, la chica recién llegada a la oficina, a la que yo mismo recomendé para que la contrataran, porque era amiga de mi mujer. Para colmo, me pusieron bajo sus órdenes.