domingo, 4 de julio de 2010

ACONTECIMIENTO

Después de seis meses, esta es la primera semana sin entrada en el blog.

Encontré la salida.

domingo, 27 de junio de 2010

ME GUSTA EL MUS

Para Mar y José Luis

No pasé mis años de juventud, como otros a mi edad, jugando al mus en la tasca del barrio, ni en el bar de la facultad; no pertenezco a ninguna peña ni club de mus; no he alzado trofeo alguno con las cartas. Una arraigada tradición musolari dice que la primera característica de un jugador de mus es la fanfarronería, a pesar de ello, confieso que no soy buen jugador de mus, lo que no impide que, cuando gano, me proclame el más sagaz y sabio de los jugadores, y cuando pierdo, el más desafortunado con las cartas.

Comencé a jugar con asiduidad al mus con Abril, un verano hace quince o veinte años. Estábamos veraneando en una casa frente al mar, en el Cantábrico. Estaban pasando unos días con nosotros, mi amigo Fernando y su mujer. Nuestra hija mayor era muy pequeña y no teníamos con quien dejarla para salir por las noches. Fernando y yo decidimos a enseñar a nuestras mujeres a jugar al mus. El caos se apoderó de nuestras partidas, se sucedían todo tipo de errores, había desorden y confusión en el juego. Aquello provocaba a cada momento que Fernando y yo no supiéramos a qué estábamos jugando y abroncáramos a nuestras mujeres. Ellas decidieron hacer pareja y la cosa empeoró terriblemente: lograban jugadas inverosímiles, en cada mano cuando la suerte inesperada no les ayudaba, resultaban beneficiadas por sus propios sus errores. Nuestra desesperación y su alegría desbordada, provocaron que llegaran la risa, las bromas y el buen humor. Cenábamos cada vez más temprano para adelantar la partida, pues la diversión estaba asegurada. Al final del verano conseguimos que ellas aprendieran un poco y conseguimos ganar alguna vez.

Desde entonces para mí el mus es un juego que ha estado unido inseparablemente a las satisfacciones de la amistad.

Estos meses de reclusión forzada y convaleciente en casa, en la que nos pesan tanto las ropas que no podemos ni salir de paseo, unos buenos amigos vienen a vernos a casa muchos fines de semana. Vienen cargados de viandas y bebidas, y en seguida nos aprestamos a jugar nuestra partida. Sus visitas están siendo una distracción a nuestras desgracias. Son vascos y, aunque parezca increíble, les tuvimos que enseñar a jugar hace ya unos años, en otro memorable verano en el Ampurdán que pasamos con ellos. Su amistad nos proporciona compañía y diversión, dos cosas poco accesibles para el que sufre.

El mus sigue siendo, una vez más, ese vínculo divertido y poderoso que tanto me agrada tener con los amigos. Me divierte soltar las pullas de siempre y replicarles con frases como: “la jugada del tío Perete”, “a la mano con un pimiento”, “ahí hay un cuarto para llorar”, “tran-tran”, “barbas”, “escopeta y perro”, “muerte dulce”, “Toribio”, “la raya”, “un envite es un convite”..., y tantas otras. A música me suenan. Gracias amigos.

jueves, 24 de junio de 2010

LA TRIBU DE LOS CLERCKS

En mis inquietudes adolescentes, cuando perseguía el conocimiento a través de la cultura, me compré un librito sobre el surrealismo. Ilustraba su portada el cuadro de Magritte: Reproducción prohibida (retrato de Mr. Edward Jones), en la que se ve a un hombre de espaldas frente a un espejo en el que también se refleja la imagen imposible de su espalda. Sobre la chimenea, el libro de Edgar Allan Poe La aventura de Arthur Gordon Pym.Yo entonces apenas sabía quién era el pintor belga René Magritte (1898-1967) y había leído muy poco de Poe. Aquel feliz encuentro con esos dos genios, que se produjo cuando todavía tenía edad para descubrir mediterráneos, aún me sigue aportando alegrías hoy.E.A. Poe en su relato Un hombre de la multitud, nos cuenta que un hombre observa a la multitud que pasea por la calle, y va clasificando los diferentes tipos que contempla. En su relato, el protagonista presta atención al modo de caminar y de moverse de cada uno, a su atuendo. Ahí creó tipo de oficinista (fellow-clerck), precursor del ciudadano burgués de los siglo XIX y XX: empleados de las firmas sólidas, viejos tranquilos. “Se los reconocía por sus chaquetas y pantalones negros o castaños, cortados con vistas a la comodidad; las corbatas y chalecos, blancos, los zapatos, anchos y sólidos, y las polainas o los calcetines, espesos y abrigados.” En un momento del relato, el protagonista se fija en un personaje al que decide seguir, sin verle más que la espalda, durante una inacabable persecución que dura todo el día y toda la noche. Uno de los misterios de las pinturas de Magritte, tal y como haría Poe en su narración, son las reiteradas imágenes de hombres de espaldas o con el rostro oculto. Siempre han causado en mí una profunda impresión. El pintor contempla a su víctima desde atrás, mientras esta camina hacia un destino misterioso, si es que lo tiene.El mundo de Magritte, a lo largo de toda su obra contiene siempre al misterioso hombre invisible con bombín y abrigo negro, paseando o en interiores, solo o en grupos, donde una multitud de ellos desciende sobre la ciudad. ¿Quiénes son esos personajes que aparecen en sus pinturas? Anónimos, con traje negro, con sombrero hongo, de espaldas. Ahí están sus enigmáticas pinturas La tarjeta postal, El maestro de escuela, Ensoñaciones de un paseante solitario, La canción de la violeta, Golconda y tantas otras. ¿Por qué no podemos verles el rostro a la mayoría de sus figuras?
Cuanto uno más observa su obra, uno comienza a comprender que hay que evitar todo intento de resolver puzzles. Las reminiscencias poéticas y filosóficas de su obra surrealista, nos tientan a situar su trabajo dentro de un contexto biográfico, pero la vida privada de Magritte permite poca introspección psicoanalista, pues el artista siempre prohibió ese tipo de investigaciones. Ni siquiera nos permite llegar a demasiadas conclusiones el suicidio de su madre, cuando él tenía trece años, ahogada en el río Sambre, tras varios intentos, razón por la cual su padre la tenía encerrada en su dormitorio. La persecución del personaje misterioso, como en el cuento de Poe, no abre más que interrogantes e inquietudes.Este hombre solitario, misterioso y ensoñador, que aparece una y otra vez en su obra, puede ser trasunto del propio pintor. ¿Acaso representa la necesidad de la razón en un mundo extraño y cada vez más inexplicable y complejo? Verle de espaldas siempre suscitó en mí una sensación incómoda, de identificación con la soledad. También me imaginaba entonces que esas figuras eran representantes de la uniformidad de los burócratas y la mediocridad, infelices y con un alma oprimida: la tribu de los Clerks; a la que yo no quería pertenecer de ninguna manera. Las visiones de sus figuras anónimas unas veces me hacen imaginar que fueran a darse la vuelta y descubrir nuestro propio rostro en ellas; otras, que no tuvieran rostro y fuéramos a descubrir en su interior nuestro vacío, o la verdadera materia de la que estamos hechos nosotros o nuestros sueños. El punto álgido del cuento de E.A. Poe, se produce cuando finalmente se puede contemplar el rostro del extraño personaje objeto de la persecución. No se lo pierdan. De nada.

sábado, 19 de junio de 2010

SUS SECRETOS MURIERON CON ÉL

Antonio Stradivari nació en 1641 en la ciudad de Cremona, Italia. Cuando se inició en el arte de fabricar violines, los lutieres formaban parte de una tradición cuyos modelos para el tallado de la tabla, la tabla armónica y el clavijero de los instrumentos de cuerda eran los que había establecido Andrea Amati un siglo antes. Sus discípulos se mantenían fieles a estos maestros de Cremona. Probablemente Stradivari fue desde 1667 uno de los aprendices de esa casa, regentada entonces por Niccolò Amati. Aunque existían libros sobre el tallado de estos instrumentos, el aprendizaje y la formación técnica implicaban el contacto directo con los instrumentos y la explicación oral transmitida de generación en generación.

En 1680 instaló un taller por su cuenta en la Piazza San Domenico de Cremona, en el mismo edificio que su maestro, y pronto adquirió fama como hacedor de instrumentos musicales. Comenzó a mostrar originalidad, y a hacer alteraciones a los modelos de violín de Amati. El arco fue mejorado, los espesores de la madera calculados más exactamente, el barniz más coloreado, y la construcción del mástil mejorada.

Aunque fue un innovador, el taller de Stradivari tenía también reminiscencias del pasado, con sus oficiales y aprendices, entre los que se encontraban sus hijos Omobono y Francesco, quienes no se casaron y pasaron toda su vida adulta en la casa de su padre como sus siervos-herederos.

Normalmente la tarea de los más jóvenes consistía en el trabajo preparatorio, como impregnar de agua la madera, moldearla toscamente y cortarla de manera aproximada; los oficiales de nivel superior realizaban la talla más fina de la tabla, montaban el clavijero; mientras que el maestro se hacía personalmente cargo del ajuste final de las partes y el barnizado, última capa protectora de la madera y garantía final de su sonido. Pero Stradivari estaba presente en todas las fases de su producción. El maestro andaba en constante movimiento por el taller, y se ocupaba en persona de los detalles más insignificantes de la producción de sus violines. Son conocidas sus espectaculares rabietas, sin parar de dar instrucciones y lanzar broncas. Ello era debido a su afán de perfección y a la pasión con que fabricaba sus instrumentos, que le llevó a decir en una ocasión: “hacer un violín por debajo de mi máxima capacidad, sería robar a Dios, pues Él no puede fabricar un violín de Antonio Stradivarius sin Antonio”. En cualquier caso, ahí está el legado de cultura material que nos transmitió. Es un ejemplo de hasta dónde puede llegar un artesano en su pasión por las cosas bien hechas, con su sabiduría y dedicación, como de si un perfecto amante se tratara.
Sus instrumentos se reconocen por la inscripción en latín: «Antonius Stradivarius anno» Además de violines, Stradivari construyó arpas, guitarras, violas y violoncelos, más de 1.000 instrumentos en total, según estimaciones recientes. Más de 500 de ellos se conservan actualmente. Se considera en general que sus mejores violines fueron construidos entre 1683 y 1715, superando en calidad a los construidos entre 1725 y 1730. Los auténticos Stradivarius se distinguen por sus finísimos acabados, su madera de extrema belleza tornasolada y su sonido inigualable.

En la decadencia económica general de la década de 1720, y a pesar de la fama que había alcanzado su taller, tuvo que reducir costes y gran parte de su producción quedó sin vender. Después de 1730, muchos violines fueron firmados «Sotto la Desciplina d'Antonio Stradivari F. in Cremona [anno]», y fueron probablemente hechos por sus hijos. Antonio Stradivari murió en Cremona el 18 de diciembre de 1737 y fue sepultado en esa ciudad. Sus hijos se esforzaron inútilmente por revivir el taller, que finalmente se fue a pique. No pudo transmitir ese arte que impregnaba los mil pequeños movimientos cotidianos, que llegaron a convertirse en hábito, y que se agregaban a la práctica de los miembros del taller, que eran controlados exhaustivamente por la individualidad y la originalidad del maestro. El conocimiento tácito de su arte se perdió. Sus secretos fueron enterrados con él.

Hoy los stradivarius son sinónimo de excelencia irrepetible. Ha habido muchos intentos de imitar la calidad del sonido de estos instrumentos. Existen muchas teorías acerca de cómo fueron construidos. Muchos creían que el barniz usado por Stradivari se hacía con una fórmula secreta que se perdió al morir su creador, pero exámenes de rayos X y análisis de espectro en la superficie de los violines revelaron que todos fueron sometidos a cambios en su estructura (especialmente el mango, el cordal y las cuerdas), y a menudo lo único que queda del trabajo original es el cuerpo mismo, que fue rebarnizado periódicamente.

Otra teoría dice que el punto clave fue el tiempo que tomó secar las maderas de arce y abeto con que están construidos; esto también fue desmentido estudiando la fibra de la madera. Las líneas fueron comparadas con modelos de árboles que vivieron en esa época y se pudo determinar el tiempo de secado simplemente tomando la diferencia entre la fecha de construcción (que era dejada por Stradivari en una etiqueta en el interior del instrumento) y el cálculo de cuándo había sido cortado el árbol. Esto reveló que la madera se había secado durante no más de 20 años, y no 60 ó 70, como se creía.

Otros piensan que el período de frío extremo que sufrió Europa en los años en que Stradivari vivió, una especie de mini-edad de hielo, pudo ocasionar que los árboles que crecieron durante esa época desarrollaran una fibra más compacta y con una mejor calidad mecánica sonora. No obstante, existen instrumentos construidos en la misma época, con madera de los mismos árboles, que no lograron la magnificencia de un Stradivarius.

Cabe mencionar también la conocida teoría del árbol de Stradivari, la cual señala que el mismo Stradivari encontró un árbol dentro de un río; del enorme tronco de este árbol creó algunos de sus más renombrados instrumentos. Esta teoría se encuentra justificada a través del concepto de vibración que adquieren los materiales con el tiempo. Se dice que la propia madera adquirió la vibración del río, lo que le da un sonido único e irrepetible. Claro está que esta teoría puede estar basada en un intento por incorporar a la historia de la fabricación de los instrumentos un aspecto mas poético.

Finalmente, otra teoría más reciente fue resultado de los mismos análisis de espectro en la superficie y en parte de la viruta residual obtenida del interior de un Stradivarius con sistema endoscópico. Estas pruebas revelaron la presencia de partículas metálicas muy pegadas a la madera, lo que podría sugerir que el gran maestro hizo un fino tratamiento a las maderas que usaba con disoluciones de sales metálicas, lo cual habría conferido a sus instrumentos la fuerza y riqueza de sonido que tanto se aprecian.

Sea como fuere, el sonido de sus instrumentos conservados es sinónimo de perfección, y definen lo que un violín o un violonchelo pueden legar a ser, qué es posible, y propone un modelo que, una vez que se ha oído, resulta imposible de olvidar, como Antipático no olvida el concierto al que le invitó José Peris, en sus años universitarios, para escuchar un concierto de cámara en el Palacio Real de Madrid, en el que se tocaba con la colección de Stradivarius más grande del mundo, conocida como Quinteto Palatino (tres violines, una viola y un violonchelo stradivarius), que se conserva en la biblioteca de palacio, y que podemos escuchar aquí.

jueves, 17 de junio de 2010

LA CONFESIÓN

Llevaba trabajando durante años para conseguir mi ansiado ascenso en la empresa. Los afanes y desvelos en el trabajo, las humillaciones a que me había sometido mi infame jefe, las veces que me había arrastrado como un gusano, tuvieron su inevitable recompensa: fui pisoteado. Permítanme un consejo, no se arrastren por el suelo, es peligroso. El puesto que anhelaba se lo dieron a Marta, la chica recién llegada a la oficina, a la que yo mismo recomendé para que la contrataran, porque era amiga de mi mujer. Para colmo, me pusieron bajo sus órdenes.

Marta era el escondido secreto por el que yo había ido a la oficina con agrado las últimas semanas antes del descalabro. No sé si estaba enamorado de ella, de su belleza, de su falsa sonrisa, o tan solo de la imagen ficticia que había fabricado. El hecho es que lo único que conseguí alelándome por ella fue que me sonsacara la información que necesitaba. Sus coqueteos con el jefe hicieron el resto. Logró su ascenso en dos meses cuando yo llevaba años peleando por él. Al llegar a casa, mi mujer, hecha una furia, me llamó débil, imbécil, blando y no sé cuantas cosas más. El impacto de aquella noticia pudo con la poca vida que le quedaba a nuestro matrimonio. Mi mujer me dejó.

Un día, unas semanas después de mi separación, volví a casa triste y abatido por la rutina y la soledad. Me encontré una terrible gotera, justo en el día en que me quedé sin seguro. Había decido rescindirlo unos meses antes, después de llevar años pagando por nada. La inundación estropeó los suelos y paredes, el techo se hundió, los muebles, alfombras y libros, echados a perder para siempre. La inundación había llegado al piso de abajo. La vecina, en cuanto me oyó llegar, subió para recriminarme el desastre y exigirme el pago de los daños. Le dije que no había sido culpa mía, que había podido ser cosa de la tubería general o del vecino de arriba, pero no atendió a razones. Siguió gritando hasta que prometí pagarla. No conforme con aquello me llevó a juicio. Tampoco convencí al juez que me condenó a pagar una cantidad totalmente injusta.

Las desgracias se apoderaron de mi vida. Tuve un accidente con el coche (siniestro total), murió mi madre, mi único amigo marchó al extranjero, se escapó mi perro, me robaron en la calle, se estropeó la lavadora, me destiñeron la ropa en el tinte y caí enfermo. Me quedé sin dinero para afrontar tanto contratiempo y, además, pagar la pensión que otro juez otorgó a mi mujer, que también consideré abusiva teniendo en cuenta que no teníamos hijos.

Acosado por las calamidades y desgracias, en medio de la depresión, hace unos meses decidí suicidarme. Con un ingenioso juego de poleas, subí el piano hasta el techo, para dejarlo caer sobre mí. Antes de que estuviera bien situado, se me resbaló la cuerda. Conseguí tener un serio accidente que provocó que me quedara con varios huesos rotos y sin piano. Por poco me mato, ¡vaya susto! Hubiera estado gracioso que los periódicos hubiera titulado el suceso: “INTENTA SUICIDARSE Y MUERE EN EL INTENTO”.

Entonces supe que no podía caer más bajo. La frustración y la impotencia me inundaban el pecho, el dolor era tan intenso que para aliviarlo decidí, ya que no era capaz de suicidarme, matar a alguien, a cualquiera. Salí a la calle totalmente enrojecido por la rabia y la ira, y al ir a acuchillar al primer transeúnte que pasaba, erré el golpe, y la víctima, reaccionando rápidamente, se convirtió en agresor. Me quitó el cuchillo y me lo clavó en la espalda, lesionándome la espina dorsal y dejándome paralítico. A pesar de que había conseguido quedarme con la casa en el juicio de separación, pues la había heredado de mi abuela, tuve que venderla para pagar las deudas e indemnizaciones. Mi ordenador era la única posesión que me quedó.

Inválido y reo de intento de asesinato, sometido a exámenes psiquiátricos, declararon que sufría una trastorno psíquico cuyo complicado nombre no consigo recordar. Fui absuelto, pero declarado loco, en silla de ruedas y recluido en un manicomio de por vida.

Sufro los cuidados y el acoso de una enfermera cruel. Se llama Ángela (de la muerte). Me hace la vida imposible. Merece ser violada por una pandilla de apaches y después asesinada, entre agudos dolores y tras atroces torturas. Desde entonces vivo solo y hundido. Nadie viene a verme.

Hace unos meses conseguí sobreponerme a mi locura y a mis desgracias. Tras numerosas entrevistas con psiquiatras y forenses, me permitieron acceder a Internet, después de filtrar el posible acceso a páginas pornográficas y violentas. De ese mundo de la red he disfrutado durante los últimos meses.

“Nunca dura cosa buena” dice el refrán. Hoy la enfermera me ha comunicado que mañana quitan la línea de Internet en las habitaciones del psiquiátrico, porque la dirección ha decidido restringir gastos por la crisis. Tampoco tengo ninguna posible conexión inalámbrica. Lo único que tenía un poco de sentido para mí, aunque fuera falso, también me lo han quitado. Como despedida de todos ustedes he decidido realizar esta confesión general..., pero todavía queda algo más.

Creé este blog sin que nadie se enterara. Aquí, me he inventado una vida ficticia. He simulado durante meses que era un amante apasionado y padre ejemplar, que era un ser culto que visitaba exposiciones de arte y que leía libros, que tenía una vida con viajes, amigos, recuerdos y experiencias interesantes, y que los visitantes de mi blog me hacían comentarios inteligentes y afectuosos. Yo lo inventé todo, incluso esos perfiles de los otros usuarios que accedían. Para mi sorpresa, pronto no hizo falta seguir simulando comentarios de terceros, pues algunos incautos, como los que me están leyendo ahora, se tragaron el anzuelo, aunque de vez en cuando todavía hago intervenir a los visitantes ficticios para mantener vivo el engaño. Eso es lo que quería confesar: este blog es una inmensa mentira.

Todo ha acabado. Hoy es el último día en que me dirijo a ustedes. Expulsado del mundo real, me refugié en uno virtual más satisfactorio. También me lo niegan. No sé si conseguiré romper la estela de fracasos y calamidades que me preceden en el logro de mis propósitos. En cualquier caso, de una cosa estoy seguro: mañana Ángela de la muerte no conseguirá inyectarme el calmante. Quizá mañana encuentren alguna noticia en el apartado de sucesos de algún periódico o en la radio. Permanezcan atentos a las noticias. Je, je.

Ha sido un placer. Gracias por su compañía. Adiós.

Cuento anónimo
del libro El ser humano es extraordinario
Ed. Refrescos Aquarius