sábado, 15 de enero de 2011

ME GUSTAN LAS MANZANAS....

 ..., porque cada una tiene un color y un sabor distinto.


Hay manzanas pequeñas,


y grandes manzanas.


Unas invitan al placer sexual,


...otras provocan un irrefrenable afán por alcanzar la sabiduría intelectual, como la que le dio a probar Eva a Adán del árbol del bien y del mal.


Algunas otorgaban la inmortalidad, como las del Jardín de las Hespérides,


o las que dio la Diosa Iduna a los Ases germánicos.


Alguna fue muy famosa por sembrar la discordia, como la manzana dorada que la diosa Éride arrojó a Paris  "para la más bella", lo que obligó a éste a elegir entre las diosas. Este juicio de Paris finalmente provocó la guerra de Troya.


Y aunque ha habido más "manzanas envenenadas", como la que comió Blancanieves,


otras han inspirado grandes ideas, como la que le cayó a Isaac Newton.


Algunas son maravillosas o surrealistas...


Incluso algunos han llegado a desarrollar una nueva tecnología de la manzana.


Pero todas, todas, son sugestivas o tentadoras. ¿Y ustedes, hace cuánto tiempo no muerden una manzana?

viernes, 7 de enero de 2011

BIBLIOPATÍAS

Breve diccionario en el que se incluyen algunas de las numerosas enfermedades que contraen los humanos al estar en contacto más o menos continuado con los libros. Casi todas son contagiosas. Padecer cualquiera de ellas no supone, per se, entrar en el selecto club de los cultos o intelectuales. No busquen contrastar las definiciones en el DRAE, pues la mayoría se han obtenido de libros técnicos y especializados, como Enfermos del libro de Miguel Albero,  La Pasión por los libros, de Francisco Mendoza, Historia universal de la destrucción de libros de Fernando Báez, o Biblioclasmo de Fernando R. de la Flor.

BIBLIOCLEPTOMANÍA: inclinación a hurtar libros, procedente de una anomalía psíquica. Dentro de esta patología podemos encontrar multitud de modalidades: ladrón ocasional, ladrón ilustrado, ladrón por encargo, bibliopirata... La lista de ladrones de libros famosos es tan extensa que daría para un tratado..., y no quiero señalar a nadie.

BIBLIOCLASTIA: también denominada bibliolitia. Dícese de la dolencia que padecen las personas que tienen afán por destruir los libros y lo llevan a cabo. Utilizan diversos métodos, siendo el más utilizado el fuego. Han sido muchos los cultivadores, siendo de los más ilustres, el emperador chino Shuan Ti, la Inquisición o Hitler.

Hoy en día no es una actividad bien vista si se realiza por razones ideológicas, políticas, bélicas o religiosas. La extensión del mal de la bibliocomptentio (vid) ha hecho innecesaria la biblioclastia por esas razones. De todos modos los servicios de los biblioclastas resultan más necesarios que nunca debido a la profusión de libros sin calidad y sin interés que se editan, que no se venden y que merecen la hoguera. Los editores, que no pueden afrontar los costes de su almacenamiento, son los modernos biblioclastas, mientras millones de seres humanos no tienen dónde aprender a leer.

BIBLIOCOMPTENTIO: indiferencia y desinterés hacia los libros. Está tan extendida que puede considerarse el estado natural del hombre posmoderno, por lo que en realidad, la verdadera anomalía sería la contraria: el mostrar amor o interés por los libros.

BIBLIOFAGIA: Comer libros. Aunque no es muy habitual, hay quien devora físicamente los libros, voluntariamente o a la fuerza, como algunos escritores que fueron obligados a “comerse sus propias palabras”, o a perecer en el hoguera. Tiene señeros antecedentes desde la Biblia (Libro de Ezequiel, Apocalipsis de San Juan) hasta El nombre de la rosa de U. Eco (donde el padre bibliotecario, Jorge de Burgos, se come el libro envenado).

BIBLIOFILIA: Afición a adquirir y coleccionar los libros por cualquiera de sus méritos de contenido o de forma, o por su rareza. Esta enfermedad, muy extendida, tiene su raiz en el coleccionismo y es un auténtico cáncer de los que leen libros. Tiene inumerables modalidades: objetoadictos, fetichistas, bulímicos y compulsivos, exhibicionistas, solitarios e inseguros, sedentarios, sensibles, perfeccionistas, completistas..., y devotos de su Alteza (la edición princeps).

BIBLIOFOBIA: odio a los libros. Antiguamente estaba más extendida. Incluye la aversión a los libros como objetos y también a la lectura en sí, por considerarla peligrosa. Es requisito necesario para caer en la biblioclastia.

BIBLIOFUGIA: paulatina desaparición de libros de una biblioteca, bien sea por robo, pérdida, usurpación, préstamo impruedente, accidente u otras causas.

BIBLIOMANÍA: pasión exagerada por los libros, no justificada por interés erudito, literario o científico, sino más bien rayano en la locura.

BIBLIOLATRÍA: Se dice de la veneración exagerada y ciega a un libro, bien sea por su procedencia, autor, antigüedad o contenido.

Llega a su máxima expresión con los fieles o creyentes de las llamadas "religiones del Libro" (judíos, musulmanes y cristianos), que defienden que en sus libros sagrados se encuentra nada menos que la verdad revelada por el mismo Dios, aunque no haya constancia fehaciente ni prueba alguna de que así sea . Esta dolencia les hace felices y la llaman Fe. En determinadas épocas de la Historia, han llegado a quemar en numerosas ocasiones, por sacrílegos, los libros que contradicen o ponen en duda las sagradas escrituras..., y a sus autores (véase biblioclastia).

BIBLIOLITIA: véase biblioclastia.

BIBLIOPEPSIA: propensión a la lectura apresurada, fragmentada y sin aprovechamiento.

BIBLIORREA: padecida por insignes maestros de la talla de Balzac, Baroja y Dickens, consiste en producir páginas sin descanso, con las mismas incomodidades del vómito y la colitis.

BIBLIOTAFIA: dícese del mal que padecen los que acumulan libros para enterrarlos, como hacían los egipcios con sus objetos valiosos que los enterraban enlas tumbas de los notables. En sentido figurado, se aplica al que acumula libros desmesuradamente sin enseñarlos a los demás y sin leerlos.

BIBLIOTROPISMO: Dícese de la inclinación natural, en aquellos que la padecen, a acercarse a los libros, sitos en cualquier estante o librero, aún cayendo en la desatención de su hablante y en las airadas miradas de los dueños de casa. Este mal se manifiesta también en la parálisis súbita frente a cualquier escaparate que los exhiba y aún más, en la mirada impúdica dirigida a la carátula del libro que lee nuestro vecino de mesa en el café o de asiento en el metro.

Hanse visto casos graves en viajes largos en avión, en que no pocas veces un pasajero es asaltado con violencia o le es arrebatado su libro, con nocturnidad, mientras echa una pestañada.

LIPARQUIBIO: (sustantivo, del griego leipo=dejar, arché=inicio, principio; y biblion=libro). Acción y efecto de abandonar un libro en las primeras páginas. También sufren este mal los que padecen bibliopepsia (vid).

LECTOBLOGMANÍA: neologismo que define el mal que padecen, con la consiguiente pérdida de tiempo, los que han dejado de leer libros y leen blogs como este. 

martes, 4 de enero de 2011

OFELIA


"REINA.- Inclinado a orillas de un arroyo, elévase un sauce, que refleja su plateado follaje en las ondas cristalinas. Allí se dirigió, adornada con caprichosas guirnaldas de ranúnculos, ortigas, velloritas y esas largas flores purpúreas a las cuales nuestros licenciosos pastores dan un nombre grosero, pero que nuestras castas doncellas llaman dedos de difunto. Allí trepaba por el pendiente ramaje para colgar su corona silvestre, cuando una pérfida rama se desgajó, y, junto con sus agrestes trofeos, vino a caer en el gimiente arroyo. Alrededor se extendieron sus ropas, y, como una náyade, la sostuvieron a flote durante un breve rato. Mientras, cantaba estrofas de antiguas tonadas, como inconsciente de su propia desgracia, o como una criatura dotada por la Naturaleza para vivir en el propio elemento. Mas no podía esto prolongarse mucho, y los vestidos cargados con el peso de su bebida, arrastraron pronto a la infeliz a una muerte cenagosa, en medio de dulces cantos.

"LAERTES.- ¡Ay de mí! Luego ¿ha perecido ahogada?

"REINA.- Ahogada, ahogada.

"LAERTES.- Atajemos el llanto, pues agua de sobra tienes tú, pobre Ofelia (llora). Con todo, esto no es más que una costumbre. La Naturaleza se aferra a sus hábitos, por más que diga la vergüenza. Cuando este lloro cese, no quedará en mí rastro de mujer. ¡Adiós, señor! ¡Tengo palabras de fuego, que arderían de buen grado si no las sofocara esta debilidad! (sale)."

W. Shakespeare
Hamlet. Acto IV. Escena VII.

lunes, 3 de enero de 2011

PROVENZA

He de confesar a ustedes que acabo de volver de la Provincia de Francia, donde hemos pasado unos días despidiendo el año 2010 y conjurando a los espíritus de 2011, para que nos sean propicios. Hemos estado instalados en una residencia inmejorable, gracias a la tenacidad y sabiduría de alguien querido. Le petite bastide está rodeada de viñedos y olivos, equipada con un hogar acogedor, con el macizo del Luberon al fondo y el río Dordoñe a nuestros pies.

Muchas son las cosas que se podrían decir de aquellos valles y bosques, agraciados por la naturaleza, de su situación inmejorable y de la sabiduría de sus habitantes, que saben cocinar, cultivar y adornar su vida. Y de unos cultivos muy especiales quería hablarles ahora, pues he sentido cómo, a lo largo de los siglos, se ha cultivado el espíritu en esa tierra.

Los griegos y romanos colonizaron toda la región intensamente, dejando calzadas, puentes, foros, teatros, arcos, monumentos, templos, acueductos y ciudades (inmejorable la visita a Glanum, en St. Remy de Provence). Ellos demostraron cómo se podía dominar la naturaleza con estética y sabiduría. Después, cuando la barbarie medieval dominaba en Europa, los señores provenzales dejaron reinar a sus damas, que inventaron las cortes de amor y el amor cortés. En sus castillos (sobre todo en Les Baux) los trovadores componían y declamaban la poesía y la música provenzal. Aquellas damas, inventando un nuevo lenguaje para el amor, avanzaron el Renacimiento, elevaron la sensibilidad del espíritu medieval, tosco a más no poder en las lides románticas, pues hasta entonces el hombre, olvidada la cultura clásica, sólo se dedicaba a la caza y a la guerra. Y allí siguieron estableciéndose pintores y escritores en los siglos barrocos y modernos: desde Petrarca a Van Gogh, de Durrell a Cezanne, de Gaugin a Camus, sin olvidar al Marqués de Sade. Muchos han sido los que han elegido esta tierra para vivir, incluso los Papas.
El resultado es que hoy sus habitantes parecen haber inventado el arte de vivir. Allí, paseando por aquellas ciudades y pueblitos encantadores, se ven por doquier abadías, palacios, iglesias y castillos de nobles y clérigos que amaron la belleza; se pueden visitar lugares donde se honra la memoria de artistas propios y extraños, que han vivido y cantado la alegría y la hermosura de la Provenza. A cada paso se encuentra uno librerías apetecibles donde te sirven un café o una copa de vino. Se pueden visitar las casas y las tumbas de los escritores. Sus habitantes conservan los mismos paisajes que pintaron los artistas que allí vivieron. Pueblos minúsculos tienen espacios reservados para el teatro y los conciertos. Nadie descuida, cada día, la belleza de las granjas y los campos, de las casas y los paisajes, de las calles, de los objetos y los escaparates en las tiendas. Dedican su tiempo al placer de la buena comida, el buen vino y la conversación. Les gustan los perfumes, las flores, las plantas, los aromas. Levantan museos a las cosas que les gustan, da igual que sea un pintor mundialmente famoso, la flor de la lavanda o los sacacorchos. Practican el arte de pasear, la caza, la cetrería. Incluso hemos visto como trabajaba un agricultor en un invernadero escuchando ópera. Allí hasta las chimeneas humeantes, las cunetas de los caminos, las estrellas del cielo o la niebla de la mañana tienen un aire refinado.

Hemos visto en aquellas tierras, en cambio, pocos jóvenes, que sin duda preferirán otras diversiones menos sutiles. Me resisto a creer que los provenzales sólo promocionen la cultura para los turistas, y que todo esto sólo sean digresiones de un iluso a principios de año. Puestos a hacerme ilusiones, me ha dado por imaginar que todavía hay una esperanza, en estos tiempos en que parece que nos vemos arrollados por corrientes poderosas que no nos dejan sosiego para pensar, sino confusión y miedo a la catástrofe. Frente a ello propongo no caer en la melancolía. Todavía quedan valles en que crece esa planta, cada vez más extraña, que es la cultura que eleva y ennoblece el espíritu..., y que además alimenta el cuerpo, porque lo que no son ilusorios son los kilos que he ganado en tan sólo una semana, aunque de eso no les quiero hablar por no ser prosaico, ni tampoco de las aves, foie-gras, ostras, vinos y quesos trasegados, ni de las sublimes burbujas del champagne que ascienden por la copa con la misma suavidad que la Virgen a los cielos.