Me pregunto yo, si alguno de ustedes no se habrá preguntado alguna vez a qué viene el nombre con el que he bautizado este rincón. La respuesta es obvia, a poco que uno quede atrapado un poco en sus hilos: todo son círculos concéntricos en torno a mi persona, al yo, eso que los romanos llamaban ego. Lo que leo, lo que veo, lo que siento, lo que pienso, lo que copio, lo que escribo, lo que escucho.... No sé cómo lo aguantan. Desconozco exactamente cuál es la plabra adecuada para mi actitud, hay muchas: egoismo, egotismo, egolatría, egocentrismo... Creí, y sigo creyendo, que egoteca es un nombre adecuado para nombrar este lugar, donde acumulo vanidad, donde guardo los objetos del culto que practico, del que soy sumo sacerdote, y donde los fieles pueden encontrarme cada semana. “En cada tela de araña espera un templo”, decía Andrés Trapiello, y aquí está el mío.
Claro que tan sabio escritor también dijo que “en el monte ego mueren hasta los mejores alpinistas”. Al final esta egoteca acaba siendo como una cartilla de ahorros en la que me paso la vida metiendo los caudales, y que cuando necesito algo la encuentro vacía. El ser egotista, la araña tejedora, acaba siendo un ser fatalmente desdichado y antipático, pues nada cansa tanto como hablar de uno mismo.
Por eso acabo hablando de los demás. Procuro, eso sí, que sean personas de algún mérito o curiosidad (no como yo). Algunos son bichos raros que van cayendo en mi tela. Disculpen si alguno se les indigesta. Y hablando de bichos raros, acabo recomendándoles la lectura de un libro reciente que ha caído en mis manos. Se llama Diccionario de Literatura para Esnobs y (sobre todo) para los que no lo son.
Su lectura es divertida, pero creo que hay que cuidarse de los esnobs. Son personas que imitan con afectación a aquellos que consideran distiguidos o de clase social más alta para aparentar ser como ellos. En el ámbito intelectual, para distinguirse de los demás, sólo manifiestan gusto por los autores raros y desconocidos. Cuando alguno de estos se hace famoso, los esnobs se sienten usurpados por el público y expulsan al autor de su olimpo para los escasos elegidos (happy few). En este diccionario hay unos cuantos de esos escritores. Si alguna vez se cruzan con un esnob intelectual, presuntamente culto, que por ello pretende ser superior a ustedes con su erudición majadera, pueden soltarle cualquiera de los nombres “de culto” que están en este diccionario y quedar bien.Al fin y al cabo, esto de la cultura, no debe ser otra cosa que placer. Cualquier obra de arte, literaria, musical y demás, debería ser como comerse una croqueta, que si a uno le gusta, muy bien, y si no, no pasa nada, hay otras cosas que probar y disfrutar. Y cuanto más conoce uno y más prueba, mejor. Todas las arañas somos voraces y a muchas nos gusta el refinamiento y, si además de comer con esplendor y abundancia, lo hacemos con elegancia y originalidad, mejor.













