Hace unas semanas, los curiosos de este blog habrán visto que leía un libro llamado “El vértigo de las listas”. Se trata de un ensayo de Umberto Eco en el que reflexiona sobre el hecho de que, a lo largo de toda la cultura universal, los artistas y escritores han realizado infinidad de listas, intentando describir o representar las más variadas cosas, muchas de ellas inabarcables. El libro, profusamente ilustrado, incluye listas de todo tipo, listas de lo indecible o incontable, listas de objetos, listas visuales, listas de lugares, de maravillas, de colecciones y tesoros, de propiedades, caóticas, cerradas, abiertas y de mil vértigos más (por cierto, en el cuadro de la portada una de las mujeres es una conocida nuestra, Jane Burden).A mí la lectura de ese libro me divirtió mucho, la verdad. La razón de ello es que yo también tengo gran costumbre de hacer listas, de todo tipo de cosas, probablemente llevado de un cierto espíritu burgués y diletante que cree poder controlar, apuntándolo, todo aquello que le rodea y que no entiende o desconoce. Obviamente, el que mucho abarca, poco aprieta, y hacer la lista de los emperadores del Japón, de los caballeros de la mesa redonda y de cosas así que son las que me gustan, no muestra más que una cierta incapacidad de profundizar en el tema.
El hecho es que llevo años haciendo listas diferentes sobre las cosas más peregrinas. Unas son simples recordatorios o proyectos de uso personal; otras muestran un cierto afán de abarcar una realidad que se me escapa; también las hay de curiosidades y, sobre todo, abundan las relacionadas con los libros, pues al fin y al cabo soy eso que los pedantes llaman un “letraherido”.
Repasándolas me he sorprendido de la enorme cantidad de tiempo que he (¿mal?)gastado a lo largo de todos estos años haciéndolas. El hecho es que me he divertido mucho con ellas. He olvidado de dónde he sacado la mayoría de los datos, casi todas son muy incompletas o fragmentarias, entre otras cosas, porque ya su enunciado anuncia lo infinito.
Propongo un juego para poder completarlas de alguna manera, y por eso hago aquí una relación de todas ellas. Mis lectores, probablemente estupefactos y espero que divertidos también con mi locura, quizá quieran hacer sobre ellas alguna consulta o tengan curiosidad por saber qué he anotado en ellas. Para ello sólo tendrán que elegir la que les provoque ese deseo y proponer en su comentario algún elemento que yo no tenga incluido en ella. Lograr este objetivo es cosa bastante fácil, la verdad, porque ninguna está ni medianamente completa. Si se consigue el premio consistirá en contestar a la pregunta o publicar entera la lista en cuestión. He de advertir que algunas no son lo que parecen, y que otras, por ser personalísimas (*), no se prestan a ese juego.
Ahí van todas las que tengo apuntadas en mis últimos cuadernos.
Lecturas recomendadas por Oscar Wilde
Lista de cosas que quiero comprar (*)
Libros de aventuras y sobre el mar
Libros leídos (*)
Listas de regalos recibidos o hechos (*)
Parafilias y perversiones
Lugares donde se venden mapas
Cosas para hacer en casa (*)
Libros de historia
Tiendas curiosas de Lisboa
Paseantes ilustres
Palíndromos
Exposiciones visitadas (*)
Novelas policíacas
Diccionario de vientos
Libros de viajes
Frases coleccionadas (*)
Micronaciones
Suicidados ilustres
Lecturas pendientes (*)
Artistas que vivieron en Tánger
Libros sobre la Rusia de los zares
Palabras que no sé lo que significan
Deseos antiguos (*)
Ciudades y mundos submarinos
Personajes monstruosos pero reales
Lugares a donde quiero viajar (*)
Personajes venecianos
Cosas que se pueden hacer para decrecer
Instrucciones para amar a L.(*)
Webs sobre libros y literatura
Las librerías más bonitas del mundo
Elementos y partes de un hórreo
Señales gráficas utilizadas por los ladrones
Tumbas y cementerios ilustres
Casas de escritores
Componentes de grupos artísticos
Placeres
Hablas de los animales
Bibliotecas imaginarias
Cuentos y cuentistas
Lugares que me gustan de Madrid (*)
Libros eróticos
Clásicos
Tipos de bibliofilias
Artistas muertos en accidentes de coche
Artes adivinatorias
Escritores malditos
Personajes acostados


Cuando descubrí a Cunqueiro, allá en mi año de soldado raso, sentí la dicha momentánea de vivir en ese mundo de felicidad y de imaginación, que era su Miranda, real e inventada a la vez. Después conocí a Abril y una de las cosas que me enamoró de ella (¿cuántas cosas no lo hicieron?) fue su infancia feliz en el poblado de Bolarque, situado en un valle a la ribera del Tajo. Hay reservas de petróleo, de divisas, de la biosfera, naturales, de muchas cosas..., y hay reservas de felicidad. Estas últimas sólo se encuentran en la infancia y no todo el mundo las tiene. Las de Cunqueiro y Abril son inagotables. Siendo novios ella me hablaba de su paraíso. Yo, en aquellas tardes ya lejanas de un verano portugués, sólo supe proponerle que visitáramos otro, leyéndonos el uno al otro “Las mocedades de Ulises”. Años después recomendé a mi hija la lectura de ese mismo libro, del que hizo un trabajo de literatura. Hoy les recomiendo su lectura a todos ustedes..., perdonen la manía, pero creo que les gustará. 
Hoy se cumplen cien años desde que el rey Alfonso XIII inaugurara las obras de apertura de la Gran Vía madrileña. Nuestro consistorio ha tenido a bien conmemorar tamaño acontecimiento con una serie de actos y ceremonias que no voy a recomendar a nadie, aunque sí la lectura del precioso libro llamado “Gran Vía 100 años”, editado por el Ayuntamiento, en el que se cuenta e ilustra la historia de esta calle.
Insólita es la secuencia del edificio Capitol, en la película “el día de la Bestia", igual que la de Edgar Neville, que hizo montar a caballo a Fernando Fernán Gómez en la película “El último caballo”...
Ignacio Goitia la llenó de jirafas...
Incluso el Atlético de Madrid, cuando subió del infierno de la segunda división, consideró que el mejor sitio para salir era por una alcantarilla de la Gran Vía.
